BIOGRAFIAS
| Carlos Herrera |
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Hijo de Almería,
donde nació hace cuarenta y cuatro años, estudió la carrera de
Medicina que dejó para ocuparse en plenitud a una sorprendente
labor en los medios de comunicación. Le gusta recordar que hizo la
mili en Ferrocarriles. Está casado con Mariló Montero, importante
y bellísima figura del mundo audiovisual, y es padre de dos hijos,
Alberto y Rocío.
Su arrolladora y brillante actividad radiofónica, televisiva, periodística y literaria la tiene repartida entre Barcelona, Madrid y Sevilla, donde reside hace un cuarto de siglo, donde ha recibido recientemente la Medalla de Andalucía, y donde ha pronunciado el último Pregón de su Semana Santa, hermosísimo, irrepetible, que alguien ha calificado de "El Inmortal". Dueño del gracejo en la palabra y de su difícil sentido de la improvisación, basados en una sólida cultura, su ejecutoria profesional viene siendo una sucesión constante de éxitos que le han hecho acreedor, entre otros numerosos galardones, a tres premios Ondas, a dos Antenas de Oro, al premio Víctor de la Serna, al premio nacional de periodismo Pedro Antonio de Alarcón, al premio del Club Internacional de prensa, y a un largo etcétera que sobrelleva con la mayor de las naturalidades y sin ánimo ninguno de molestar. El último libro de Carlos Herrera, primorosamente editado por Everest, se titula "La cocina de Carlos Herrera", y en su portada no figura el nombre del autor. Perogrullo dixit. Carlos Herrera, cuya foto difuminada si que ilustra desvaídamente la amplia portada del libro, ha sido cocinero antes que fraile. Profesa encendido amor a las cazuelas y es feliz cuando cumple el ritual previo de la compra en el mercado, al que califica de "microcosmos fascinante". El libro cuenta, para abrir boca, con un entrañable prólogo de J.J. Armas Marcelo, una certera introducción de Lorenzo Díaz y una entrevista de J. Antonio Garmendia. El cual se constituye en anfitrión, y en un momento dado propone al entrevistado: "Le convido a comer en mi casa, voy a guisar para usted. Pero quiero que sea el invitado quien elija el menú. Usted dirá, don Carlos"· Y el sátrapa contesta: "Cueza marisco, fríame pescado, guíseme un puchero. No se complique la vida, hágame cosas sencilla, que, como sabe, son las más difíciles". Y predicando con el ejemplo, el maestro se ocupa de guisar un texto lleno de sugestivas propuestas, amorosamente sencillas, donde no cabe la salsa de currumujos al aroma de arándonos apaches, Verbigracia: Acelgas esparragás. Ajo colorao. Arroz caldúo. Caldo quemao. Fideos fritos, Garbanzos de bacalao. Migas de harina. Patatas a lo pobre. Sardinas son tomate. El infrecuente recetario tiene el fundamento de una sabia y fluida prosa, inherente a su autor, en que no falta, no puede faltar, la fragante salpimienta de un sentido del humor con que Carlos gusta de sazonar, con justa mesura, el aderezo de su verbo suculento. Las páginas del genial banquete están ilustradas, junto con instantáneas de la vida cotidiana de Carlos, con espectaculares fotografías a todo color de cada plato que en el libro se considera. Un gozo para los sentidos que seguramente hará dudar al comensal literario de si leer el libro o comérselo. Sigan el consejo con que su autor concluye el lúcido introito dedicado a los sabores. "Saboréenlo con gusto. Cocinen y disfruten, que la vida son cuatro días y la mitad salen nublados".
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