En el hotel Palacete Mirador de Córdoba, una de las peculariedades que hacen irrepetible este palacete del XIX es que, ubicado en las últimas estribaciones de Sierra Morena, se encuentra en un paraje especialmente protegido, inhiesto sobre una pequeña colina. Rodeado de vegetación propia del bosque mediterráneo, el edificio principal nos sorprende por su estilo modernista, influido en el no menos singular barroco andaluz. Es tan peculiar esta mansión construida a mediados del siglo pasado, que fue catalogada de Interés Turístico, siendo incluida entre los edificios que gozan de protección oficial.

Todo esto ha permitido que, tras las recientes reformas, se haya podido reutilizar para uso y disfrute del viajero.

Su terraza -mirador acristalado- es uno de los lugares más atrayentes de la mansión. Ver caer la luz sobre la campiña y las ruinas de Median Azahara es un ejercicio de contrición, o de júbilo. Todo se envuelve, ciudad, pequeños pueblos y cortijos bajo un pátina común del ocaso.

Los días invernales son especialmente placenteros en las 29 habitaciones con decoración influida en el período árabe, y una sugerente piscina hace los deleites en las jornada diurnas estivales ya que al anochecer en estos lares, la temperatura refresca notablemente.

Sus accesos son cómodos, y en pocos minutos se llega a la estación del AVE, sin tener que cruzar la ciudad.

El color del hotel destaca en  el marco natural y preservado que lo rodea. Jardines y bosques a un paso de todo, pero por encima de todo.