Temas Portuenses


 

Breve historia del vino del marco de Jerez

 

Aunque el vino lleve ya varios siglos integrado en la cultura, costumbres y tradiciones de la civilización occidental, sus orígenes entroncan casi con los del propio ser humano. Siempre ha habido constancia de las más variadas formas de bebidas alcohólicas, obtenidas de la fermentación de un amplio abanico de productos de la tierra, dependiendo en cada lugar de las particularidades productivas y meteorológicas. 

Aunque hay hallazgos anteriores, como por ejemplo las hojas de viñedo en tobas fósiles halladas cerca de Montpelier y pepitas de uva en emplazamientos del Mesolítico en Parma, las primeras pruebas de la extracción del zumo de la uva y su posterior fermentación data de los sumerios. Así, según una frase ya tópica, se dice que el vino lo inventaron todos y nadie, entre el Mar Negro y el Golfo Pérsico... A medida que se produjo la evolución de las poblaciones hacia la agricultura y la vida sedentaria, es decir, de finales del sexto milenio a mediados del cuarto, el cultivo de la vid y su explotación descendieron a través de Asia Menor hasta llegar a Egipto.

Sucesivamente pasó a Fenicia y Creta; más tarde a Grecia, Sicilia, sur de Italia y Libia. Parece ser que España debe su cultivo a los griegos de Asia Menor. También llegó a la India mediante Persia y a Gran Bretaña gracias a los romanos que plantaban viñedos en todos los territorios que ocupaban y eran favorables a dicho cultivo. En la Edad Media de la propagación de la vid y el vino se encargaron Carlomagno y posteriormente las órdenes monásticas.

Antiguamente el vino se tomaba mezclado con perfumes y especias, los griegos le añadían agua y los romanos lo ayuntaban con miel, especias u otros vi-nos. Hasta el siglo XVIII no se crea la mentalidad con la que se pretende que el vino sea un producto puro de la vid sin que sufra desvirtuaciones. En estas fechas comienzan a consolidarse como países del vi-no los que actualmente mantienen la tradición: España, Francia, Italia, Portugal, Alemania, etc...

Podemos también decir que las primeras noticias del vino de Jerez nos las proporciona en el siglo I a.C el geógrafo griego Estrabón, que atribuye a los fenicios el haber traído las vides a nuestra región, allá por el año 1100 A.C. La misma noticia recoge Rufo Festo Avieno, historiador romano del siglo del siglo IV D.C., que en su libro Ora Marítima reproduce textos de otro geógrafo griego, Eutymos, esta vez del Siglo VII A.C. 

Que en tiempo de los fenicios ya se hacía vino en nuestra tierra lo demuestran los hallazgos, como los dos lagares encontrados en el yacimiento fenicio del del Castillo de Doña Blanca (siglo VII a.C.), en El Puerto de Santa María y cerca de Jerez de la Frontera.

 

 

Para la fabricación de manufacturas de vidrio, cerámica y telas preciosas, los fenicios deforestaron su suelo, los famosos cedros del Líbano, y se vieron obligados a plantar olivos y vides en sus colonias para abastecerse de alimentos. Así pues los fenicios nos trajeron los olivos, las vides y el alfabeto, y vendieron nuestros vinos por todo el Mediterráneo, especialmente en Roma. 

Uno de los mercados históricos del Jerez (el Sherry) era y es Inglaterra, y su entrada cuentan que se produce cuando Enrique I, un buen Rey que murió de una indigestión de asado de lamprea, propuso a los bordeleses una operación de trueque, lana inglesa por vino de Burdeos, para desarrollar las manufacturas nacionales. La negativa de los franceses abrió las puertas a los jerezanos, que sí aceptaron la propuesta.

La calidad y las características de los vinos de Jerez dependen de numerosos factores que actúan relacionados y ordenados, desde el origen del producto hasta que se presenta al consumidor. Todos los factores (clima y terreno para la viña, cultivo, vendimia, elaboración del vino, preparación, comercialización, etc.) son importantes, y el acierto en la elección y desarrollo de cada uno de ellos resulta fundamental para que el vino obtenido tenga éxito. La primera de ellas, la vitícola, que afecta a la obtención de la materia prima, resulta de fundamental importancia para los procesos posteriores.

La región de producción de los vinos amparados por las Denominaciones de Origen "JEREZ-XÉ-RÈS-SHERRY" Y "MANZANILLA-SANLÚCAR DE BARRAMEDA" está constituida por los terrenos ubicados en los términos municipales de Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Chipiona, Trebujena, Rota, Puerto Real, Chiclana de la Frontera y determinados pagos de Lebrija.

El carácter único del vino de Jerez se debe a di-versos factores, entre los que destacan el singular clima, suelo, variedades utilizadas, así como el exclusivo proceso de producción. El clima se caracteriza por conjugar las beneficiosas corrientes húmedas del Atlántico con las más secas del Mediterráneo, formando ambas un microclima único en el mundo. Los suelos de albarizas formados por carbonato cálcico presentan un típico color blanco y una estructura esponjosa. La composición de estos es rica en arcillas, limos, calizas y arenas con un bajo contenido en nutrientes lo que garantiza la supervivencia de la planta y la calidad de las uvas. Las principales variedades plantadas son la Palomino (95% de todo el viñedo), Pedro Ximénez y Moscatel.