Temas Portuenses


 

Pepe el del Vapor deja viuda La Bahía

Con el 2001 no sólo murió el Siglo XX, sino también la cara amable de uno de los iconos más representativos de nuestra ciudad

El barco Adriano III, conocido popularmente como El Vaporcito, que desde hace 45 años realiza el recorrido entre Cádiz y El Puerto de Santa María fue construido en el Astillero San Adrián de Vigo. Es la última nave que testimonia la larga tradición de barcos de vapor en la Bahía de Cádiz, además de haberse convertido en una seña de identidad de primer orden para los gaditanos y los portuenses.

José Fernández, conocido popularmente como Pepe el del Vapor, su timonel -y algo más-, durante 50 años nos dejaba a finales del año pasado. Una fría mañana de invierno, las banderas del Ayuntamiento a media asta a lloraban la muerte de uno de sus más entrañables Hijos Adoptivos. En el muelle, el 'Adriano III', que Pepe tuviera que dejar de pilotar hace cuatro años, por su delicado estado de salud, se mecía atracado en señal de duelo. 

Con capacidad para 200 pasajeros, El Vaporcito del Puerto es uno de los escasos ejemplos que subsisten de barcos con cascos de madera, productos de una carpintería naval ya casi desaparecida. Algunas embarcaciones de este tipo siguen funcionando también en ciudades del norte de España como Vigo y Santander, donde aún realizan recorridos turísticos.

La implantación de los barcos de vapor en la bahía gaditana se remonta a los comienzos del siglo XIX, pocos años después de que se aplicara esta tecnología a la navegación. La saga de los Adriano, a la que pertenece El Vaporcito, surge durante la Exposición Iberoamericana de 1929 con el cometido de unir Sevilla con Sanlúcar de Barrameda. Actualmente y tras ser declarado por la Junta de Andalucía Bien de Interés Cultural realiza cuatro viajes diarios, con una duración aproximada de cuarenta y cinco minutos. Su primitivo motor de vapor hace años que fue sustituido por uno diesel.
La propia configuración geográfica de la bahía gaditana determinó que, al poco de comenzar a construirse los barcos de vapor, éstos formaran pone del paisaje de la misma como una fórmula eficaz de conectar las poblaciones del entorno. Sin embargo, la importancia del barco Adriano III El Vaporcito, va mucho más allá de su función como medio de transporte, formando pone de la historia local de las poblaciones de Cádiz y el Puerto de Santa María, y constituyendo uno de los referentes de identificación más significativos para gaditanos y portuenses. De manera que si, en otros lugares, el fin de una noche de fiesta podía venir enmarcado por el canto coral de determinadas canciones regionales, en la Bahía de Cádiz esta canción ha sido, mayoritariamente, el pasodoble que la comparsa de Paco Alba, Los hombres del mar (1965), dedicaron al Vaporcito del Puerto, convenido en un auténtico himno popular que perdura, como las mejores coplas del Carnaval, en la medida en que poseen una significación especial para el pueblo que las hace suyas mediante el aprendizaje y la transmisión a las generaciones posteriores.

En el muelle, el 'Adriano III', 
que Pepe tuviera que dejar de pilotar hace cuatro años, por 
su delicado estado de salud, se mecía
atracado en señal de duelo.

Su recorrido, varias veces al día, posee no sólo una dimensión material, de puesta en contacto, mediante el trasvase de población entre dos localidades, sino una dimensión simbólica, de reafirmación cotidiana de los límites simbólicos del nosotros de la Bahía. Es precisamente esta doble circulación a la vez de personas y de identificación con el territorio lo que determina su carácter patrimonial.