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Carta
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Leía
el otro día un reciente estudio sobre las tendencias del
turismo europeo y me llamaron la atención unas conclusiones
muy intere- santes que se sacaban sobre el llamado ‘turismo
cultural’. Para nosotros, que hemos tenido desde nuestros
comienzos una vocación tan clara por este segmento que incluso
lo hemos convertido en nuestra primera baza competitiva, cuándo
vemos estas realidades plasmadas en un papel, se nos queda un sabor
agridulce, pues nos vemos completamente identificados con lo que
en ellas se describen.
Y es que comenzaba el estudio diciendo que se cifra en un tercio
de todos los turistas europeos que viajan los que lo hacen por motivos
culturales. Esta proporción nos da una imagen muy clara del
volumen total que tiene este mercado, y no hablo ya sólo
de potencialidad, sino de realidad ya de hoy mismo. Esta es una
razón para estar felices y confiar en el presente y en el
futuro del sector.
Pero antes de tener tiempo de echar las campanas al vuelo, la segunda
conclusión, que de nuevo vuelve a bajarnos a la tierra, porque
parece ser que sólo el diez por ciento de estos viajeros
eligen España frente a los otros países competidores.
Resulta pues que nuestro país, que se come uno de los grandes
trozos del pastel del turismo mundial tradicional, cae en picado
cuando llega la hora de satisfacer las necesidades culturales de
los turistas. Las cifras demuestran de forma aplastante que pese
a ser uno de los lugares con más importancia histórica
a través de los siglos, de su folklore y su gastronomía,
sus San Fermines y otras peculiaridades, no somos considerados como
destino cultural preferente. Y todo esto pese a otras variables
como el sol, la cercanía, la seguridad, el litoral, etc.
que deberían engrosar el atractivo del disfrute de nuestra
oferta.
Este saluda no es obviamente el lugar indicado para un análisis
científico de las causas, ni de las posibles soluciones,
sino simplemente de una reflexión sobre algo que vemos todos
los días a escala nacional y local. Y es que como se puede
extraer del estudio en cuestión, da la impresión de
que el turismo cultural en toda Europa ha estado en gran medida
más estimulado por la oferta que por la demanda.
Nosotros, tanto desde nuestra trinchera de Hoteles Jale-Monasterio,
como desde Estancias de España, ponemos
nuestro granito de arena para fomentar esa demanda, desde una oferta
que desea ser eco permanente de la riqueza cultural, tradicional
y patrimonial de nuestro país. Y esto con una conciencia
clara de que es preciso una permanente promoción de la misma
si se desea que, dentro y fuera de nuestras fronteras, surja la
inquietud de conocerla, creando las facilidades necesarias para
que quienes deseen acceder a dichas riquezas encuentren posibilidades
de hacerlo, y quienes sienten la responsabilidad de conservarlas
encuentren un instrumento para hacerlo posible.
José Antonio López Esteras
Presidente Grupo JALE.
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