El
coleccionismo, patrimonio de la cultura
Coleccionar es reunir, acumular objetos, artísticos o no,
relacionados por un denominador común más o menos
preciso. Cualquier objeto, por pequeño o aparentemente
insignificante, al que el ser humano ha dado una función
puede ser coleccionable, desde cuadros de gran valor artístico
y económico hasta envoltorios de naranjas y caramelos o
cajas de cerillas. Las categorías de ‘coleccionables’
son tantas casi como los objetos que ha producido el hombre a
lo largo de su historia.
Muchos
se han aventurado por esta apasionante actividad. Unos con mayor
poder adquisitivo, lo cual no es un requisito en absoluto indispensable
para convertirse en coleccionista, han coleccionado o coleccionan
cuadros, muebles, joyas, platería, cerámica, porcelana,
alfombras, relojes, miniaturas, libros, grabados o dibujos. Otros,
en función de sus medios o sus aficiones, coleccionarán
carteles, abanicos, muñecas, tarjetas postales, plumas
estilográficas, juguetes, bastones, pipas o naipes, billetes
de lotería, acciones, vitolas de puros, entradas de fútbol,
programas de teatros o conciertos, llaveros, etc...
Puede ser una pasión que se convierta en obsesiva; la necesidad
de poseer es un motor esencial del coleccionista, pero que siempre
será enriquecedora y que les dará grandes satisfacciones.
El coleccionista es por definición un personaje singular.
Independiente, apasionado, dispuesto a correr riesgos, capaz de
decidir sobre una adquisición con rapidez, de comprometer
en ello su dinero y su gusto. Nunca es un personaje mediocre,
al contrario muchos de los grandes coleccionistas han tenido o
tienen un carácter legendario acompañado a menudo
de una aureola de leyenda. Pensemos en personajes como Gertrude
Stein, una de las primeras coleccionistas de Picasso; Peggy Guggenheim;
Andrew Mellon, creador de la Galería Nacional de Washington;
el armenio Gulbenkian que dejo su extraordinaria colección
a la fundación que lleva su nombre en Lisboa; el multimillonario
Paul Getty o el barón Thyssen, cuya colección afortunadamente
y en lidia con Inglaterra, Suiza y Estados Unidos fue adquirida
por España y que hoy podemos admirar en su museo en Madrid.
Alrededor
de la figura del coleccionista se han creado muchas aproximaciones,
incertidumbres y malentendidos. Su papel es determinante en el
mundo de la cultura, primero como creador de un patrimonio del
que se hace responsable como guardián y custodio. Cuántos
miles de cuadros y objetos se han salvado y han llegado a nosotros
gracias a ellos. En muchos casos ese patrimonio ha acabado mediante
regalos y donaciones en museos públicos y en muchos otros
ellos han creado sus propias fundaciones permitiéndonos
gozar de sus colecciones adquiridas a lo largo de muchos años
y esfuerzo. En segundo lugar, el coleccionista juega un papel
esencial en la historia del arte y del gusto, muchas veces como
mecenas de artistas o movimientos artísticos que sin su
apoyo no hubieran tenido la importancia que tienen.
Hablando
de una manera general, el artista está fundamentalmente
preocupado en su búsqueda, inmerso en su proceso creativo,
pero su cuadro o su objeto carece de sentido sin un destinatario,
ese es el coleccionista.
La
carrera de un Tiziano no hubiera sido la misma sin Felipe II o
la de un Picasso no hubiera sido la misma sin un galerista como
Kahnweiler y sin los coleccionistas que lo apoyaron en sus primeros
momentos. Seguramente no se miraría de la misma manera
las máscaras africanas o el arte primitivo si Picasso y
los cubistas nos les hubieran dado tanta importancia inspirándose
de estos objetos en su obra. La historia del coleccionismo por
lo tanto está íntimamente ligada a la historia del
arte, del gusto y de la decoración
Tal
vez el aumento en el número de donaciones y de museos surgidos
de colecciones particulares o nutridos con frecuencia de éstas,
junto con un trabajo educativo a cargo de los organizadores de
exposiciones y de la crítica, acabe por cambiar la actitud
del gran público sobre los coleccionistas induciéndoles
a darse cuenta de que son los personajes centrales del mundo de
las artes y en términos más generales de la cultura.
En
este entramado de la producción artística y del
mercado tanto el agente que puede ser un galerista, un marchante,
una casa de subastas o un anticuario; como el crítico juegan
también un importante papel.
El
Mercadillo de Las Beatillas, escaparate
de antigüedades de Andalucía
El
Mercadillo de Antiguedades que se celebra todos los domingos en
la Hacienda Las Beatillas se ha consolidado como un importante
punto de encuentro para coleccionistas de toda España.
De carácter abierto, el Mercadillo ofrece todo tipo de
objetos para el deleite del público asistente. En él
se pueden admirar y comprar desde una máquina de coser
hasta cuadros y muebles pasando por pequeños detalles.
El
Salón de Anticuarios, una exitosa iniciativa
Un
fin de semana al mes se celebra el Salón de Anticuarios,
que se hace a beneficio de una entidad sin ánimo de lucro
diferente cobrándose la entrada a un precio simbólico
de dos euros y dedicando un porcentaje del importe de las ventas
para la asociación. Ya se han celebrado Salones a beneficio
de Cáritas, la Asociación Española Contra
el Cáncer y Proyecto Hombre. Todos estos Salones de Anticuarios
han obtenido un gran éxito de visitas. La iniciativa cuenta
con la presencia de