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Número 23 - Año XIII
 
 
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El coleccionismo, patrimonio de la cultura

Coleccionar es reunir, acumular objetos, artísticos o no, relacionados por un denominador común más o menos preciso. Cualquier objeto, por pequeño o aparentemente insignificante, al que el ser humano ha dado una función puede ser coleccionable, desde cuadros de gran valor artístico y económico hasta envoltorios de naranjas y caramelos o cajas de cerillas. Las categorías de ‘coleccionables’ son tantas casi como los objetos que ha producido el hombre a lo largo de su historia.

Muchos se han aventurado por esta apasionante actividad. Unos con mayor poder adquisitivo, lo cual no es un requisito en absoluto indispensable para convertirse en coleccionista, han coleccionado o coleccionan cuadros, muebles, joyas, platería, cerámica, porcelana, alfombras, relojes, miniaturas, libros, grabados o dibujos. Otros, en función de sus medios o sus aficiones, coleccionarán carteles, abanicos, muñecas, tarjetas postales, plumas estilográficas, juguetes, bastones, pipas o naipes, billetes de lotería, acciones, vitolas de puros, entradas de fútbol, programas de teatros o conciertos, llaveros, etc...

Puede ser una pasión que se convierta en obsesiva; la necesidad de poseer es un motor esencial del coleccionista, pero que siempre será enriquecedora y que les dará grandes satisfacciones.

El coleccionista es por definición un personaje singular. Independiente, apasionado, dispuesto a correr riesgos, capaz de decidir sobre una adquisición con rapidez, de comprometer en ello su dinero y su gusto. Nunca es un personaje mediocre, al contrario muchos de los grandes coleccionistas han tenido o tienen un carácter legendario acompañado a menudo de una aureola de leyenda. Pensemos en personajes como Gertrude Stein, una de las primeras coleccionistas de Picasso; Peggy Guggenheim; Andrew Mellon, creador de la Galería Nacional de Washington; el armenio Gulbenkian que dejo su extraordinaria colección a la fundación que lleva su nombre en Lisboa; el multimillonario Paul Getty o el barón Thyssen, cuya colección afortunadamente y en lidia con Inglaterra, Suiza y Estados Unidos fue adquirida por España y que hoy podemos admirar en su museo en Madrid.

Alrededor de la figura del coleccionista se han creado muchas aproximaciones, incertidumbres y malentendidos. Su papel es determinante en el mundo de la cultura, primero como creador de un patrimonio del que se hace responsable como guardián y custodio. Cuántos miles de cuadros y objetos se han salvado y han llegado a nosotros gracias a ellos. En muchos casos ese patrimonio ha acabado mediante regalos y donaciones en museos públicos y en muchos otros ellos han creado sus propias fundaciones permitiéndonos gozar de sus colecciones adquiridas a lo largo de muchos años y esfuerzo. En segundo lugar, el coleccionista juega un papel esencial en la historia del arte y del gusto, muchas veces como mecenas de artistas o movimientos artísticos que sin su apoyo no hubieran tenido la importancia que tienen.

Hablando de una manera general, el artista está fundamentalmente preocupado en su búsqueda, inmerso en su proceso creativo, pero su cuadro o su objeto carece de sentido sin un destinatario, ese es el coleccionista.

La carrera de un Tiziano no hubiera sido la misma sin Felipe II o la de un Picasso no hubiera sido la misma sin un galerista como Kahnweiler y sin los coleccionistas que lo apoyaron en sus primeros momentos. Seguramente no se miraría de la misma manera las máscaras africanas o el arte primitivo si Picasso y los cubistas nos les hubieran dado tanta importancia inspirándose de estos objetos en su obra. La historia del coleccionismo por lo tanto está íntimamente ligada a la historia del arte, del gusto y de la decoración

Tal vez el aumento en el número de donaciones y de museos surgidos de colecciones particulares o nutridos con frecuencia de éstas, junto con un trabajo educativo a cargo de los organizadores de exposiciones y de la crítica, acabe por cambiar la actitud del gran público sobre los coleccionistas induciéndoles a darse cuenta de que son los personajes centrales del mundo de las artes y en términos más generales de la cultura.

En este entramado de la producción artística y del mercado tanto el agente que puede ser un galerista, un marchante, una casa de subastas o un anticuario; como el crítico juegan también un importante papel.

El Mercadillo de Las Beatillas, escaparate
de antigüedades de Andalucía

El Mercadillo de Antiguedades que se celebra todos los domingos en la Hacienda Las Beatillas se ha consolidado como un importante punto de encuentro para coleccionistas de toda España. De carácter abierto, el Mercadillo ofrece todo tipo de objetos para el deleite del público asistente. En él se pueden admirar y comprar desde una máquina de coser hasta cuadros y muebles pasando por pequeños detalles.

El Salón de Anticuarios, una exitosa iniciativa

Un fin de semana al mes se celebra el Salón de Anticuarios, que se hace a beneficio de una entidad sin ánimo de lucro diferente cobrándose la entrada a un precio simbólico de dos euros y dedicando un porcentaje del importe de las ventas para la asociación. Ya se han celebrado Salones a beneficio de Cáritas, la Asociación Española Contra el Cáncer y Proyecto Hombre. Todos estos Salones de Anticuarios han obtenido un gran éxito de visitas. La iniciativa cuenta con la presencia de

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