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Número 23 - Año XIII
 
 
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El Calvario, obra emblemática. Restauración paso a paso

La obra de arte ‘El Calvario’, una pintura relizada al óleo sobre tabla, se encuentra actualmente en el corredor del patio principal de Hotel Monasterio de San Miguel, en El Puerto de Santa María, tras haber sido restaurada recientemente. De 209 centrímetros de alto y 140 de ancho, es fechable por el estilo, la técnica y detalles como la indumentaria, en torno a la segunda mitad del siglo XVI, pudiendo enmarcarse dentro de la escuela castellana de dicha época.

La escena nos muestra en el centro a Cristo, con la marca de la lanzada que ha atravesado su costado derecho, crucificado sobre cruz immisa plana, con el cartel del INRI en la parte superior. Está clavado a la cruz por las manos y los pies, éstos últimos con un solo clavo, montando la pierna derecha sobre la izquierda. Muestra una anatomía sutil pero musculada, la cabeza, que aparece con nimbo y corona de espinas cae sobre el lado derecho del pecho; el sudario es ceñido, anudado en el lado izquierdo.

En el lado derecho del Señor observamos tres figuras, la Virgen María, San Francisco de Asís arrodillado, identificable por los estigmas en las manos y el hábito, y un cardenal que creemos es San Buenaventura, pues además de ser el segundo fundador de la orden franciscana, es uno de los mayores teólogos de todos los tiempos. Se le representa con mitra y capelo cardenalicio, y revestido de alba y capa magna. Al otro lado vemos de pie dos varones; el más joven pudiera tratarse de Nicodemo, que sostiene un cofre con ungüentos; mientras que el más anciano podría ser José de Arimatea, y porta una vasija de bálsamo. Estos dos personajes fueron los encargados de desclavar, y enterrar el cuerpo de Jesucristo. El personaje que aparece de rodillas vestido según la época de Felipe II es con seguridad el donante de la obra, y se halla en actitud orante.

Al fondo se observa un camino que conduce hasta una ciudad, y tras ella, unos montes escarpados. Se trata pues de una obra de gran formato, con una técnica cuidada, donada por el personaje mencionado, sin duda alguien relevante, para algún convento o Iglesia de franciscanos.
Con respecto al estado de conservación, si bien el soporte no mostraba deformaciones y mantenía buena adhesión entre sus elementos, se había producido un ataque de insectos xilófagos no activo actualmente, que había afectado sobre todo la zona inferior. Por otro lado, los estratos pictóricos se habían perdido en algunas zonas, y en otras mostraban inminente peligro de desprendimiento.

La restauración

La superficie pictórica estaba parcialmente repintada, por lo que quedaban ocultos los matices originales de la obra. Igualmente el barniz de protección se había oscurecido alterando el cromatismo original.Tras un examen ocular previo se recogieron mediante reportaje fotográfico los daños de la obra. Seguidamente se retiró el polvo acumulado en superficie y se protegió mediante la aplicación de coletta y papel de seda.

Posteriormente se aplicó presión y calor controlados, fijando así los estratos pictóricos al soporte.Tras esto se repusieron las pérdidas de soporte por aplicación de pequeñas láminas de madera flexible ajustadas al espacio mediante una resina epoxídica. A continuación se realizaron unas pequeñas pruebas de limpieza utilizando varios disolventes. Seleccionado el más idóneo, se limpió aplicando dicho disolvente con hisopos de algodón, y neutralizando posteriormente su acción. Finalmente fue necesario eliminar algunos repintes y estucos falsos que cubrían parte del cromatismo original, de forma mecánica, es decir, con un bisturí. Todas las lagunas de preparación fueron reintegradas volumétricamente mediante la aplicación de estuco con pincel y bisturí, enrasándose tras su secado con un escalpelo o bisturí. La reintegración se realizó mediante la aplicación de acuarelas y témperas a modo de veladuras en las zonas pequeñas y de puntinato o rigattino (criterios de diferenciación) en las zonas mayores según el entorno en que se localizaran. De esta manera se pueden discernir las zonas restauradas de las originales si nos acercamos lo suficiente a la obra.


Isabel Mª Rabadán del Saz.
Conservadora - Restauradora.

 
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