La otra Tauromaquia
Los forcados Portugueses
Por Paolo Nesti
Cuando iba a Lisboa (y hubo un tiempo que iba a menudo allí) pasaba horas a veces en Terreira do Paço a la orilla del rio; Ana me conducía al café Martinho da Arcada, donde en otro tiempo la aparición del tertuliano Pessoa era sagrada, casi puntual, metódica. Cuando iba a Lisboa y paseaba por la Baixa, hacía una inmersión radical en la extraña nostalgia, que te daba y te da la capital de la “saudade”. Cuando iba a Lisboa paseando con Ana por la rua da Plata, por la rua dos Douradores, caminaba a la deriva como un niño feliz y me sentía como en mi casa. Cuando iba a Lisboa, me acercaba a Campo Pequeno, admirando el extraño edificio de la “plaça de toiros “y cuando llegaba “a quarta-feira “, que sería el jueves en castellano, me iba a los toros y no para ver los rejoneadores portugueses más antiguos que los españoles, a pesar que Ana un día me presentó a Joaquim Bastinha, que en aquel tiempo era el numero uno del escalafón, ni la corrida a pié que sin picar y sin la suerte de matar me aburría. Iba a ver a los Forcados y así fue.
La Fiesta es necesario conocerla en todas sus dimensiones y los Forcados portugueses son una de esta dimensión. Un grupo de forcados no lo comprende solo la cuadrilla de ocho que salen a pegar a un toro. Un grupo es algo más; los Forcados son una cuadrilla, una hermandad, una asociación. Actualmente en Portugal existen cerca de treinta grupos de Amadorer (aficionados) que actúan sólo por los gastos, que van al toro por el orgullo de ser forcados. Todos los componentes de un Grupo en activo son gentes menores de veinticinco años, generalmente estudiantes, hijos de ganaderos y labradores. Nadie va buscando a un Grupo con afán de gloria; lo que quiere es figurar en él, saltar al ruedo y participar en la “pega”. Más tarde llegará a ser un primer pegador, y, con el tiempo, según su maestría, puede acabar siendo “cabo” de grupo, es decir, que salvo circunstancias especiales, sólo será el entrenador del Grupo, el responsable de señalar a cada cual el puesto que debe ocupar entre los ocho que van a hacer la “pega”. A los doce o quince años ya están metidos en un grupo. Comienzan pegando vacas viejas y van subiendo en el escalafón. Los nuevos llegan a la “pega”, el día que se les incluye en el Grupo. En este caso suelen actuar de terceros ayudas. Los forcados han de salir al ruedo, cuando el presidente de la corrida da la señal después que los rejoneadores han terminado sus actuaciones. Entonces los forcados deben saltar a la arena por la barrera, no saliendo por un burladero (que en Portugal se desmontan tras la actuación del “cavaleiro”) e ir al toro por este orden: el primer pegador, el primer ayuda, dos ayudas, el “rabejador” y tres terceros ayudas. Siempre por este orden y en fila.
La “pega” más normal, si el toro tiene prontitud en la embestida, es la de“caras”.El pegador avanza hacia el toro, templando sus pasos con un contoneo no exento de chulería; le siguen, en la distancia a apreciar, los demás. Cuando el toro se arranca, el primero deja la embestida, dejando llegar al toro hasta que se produce el embroque, que debe ser templado, sin brusquedad. Apenas el primero ha efectuado la presa dejándose encunar, abrazando el cuello del toro por detrás de los pitones y enlazando las manos por la garganta del toro, ya debe estar encima del primero el segundo pegador, que con su peso colaborará a que el toro humille antes de pegar al derrote por alto, cosa natural en un toro cuando siente su embestida truncada. Inmediatamente después llegarán los dos ayudas que se agarrarán a los costados del toro, y al mismo tiempo el “rabejador”, timonel que desde su agarre al rabo del toro, controlará tirando hacia un lado u otro, las reacciones que el toro tenga en el tercio delantero. El “rabejador” se quedará el último, cuando ya hayan acudido los últimos ayudas y sujeten al toro por el tercio posterior abrazándose a él y agarrándole la piel. Entonces el “rabejador” se queda agarrado al rabo, con el pié izquierdo metido de la barriga, obligando a éste a girar buscando presa, y cuando la res se canse, el hombre suelta su agarre y se va andando marchosamente. El toro ha sido dominado y la pega ha sido un éxito.
Otras “pegas”, pero siempre con el mismo final ya descrito, son la de “Ao sopé”, que es la variante de “caras”, pero en distancia mínima para toros tardos, de mucho riesgo por la violencia de la embestida. Otra es la de “costas”, poco usual y en la que el pegador cita de costado, con el peligro de perderle la distancia al toro y éste cambiar su viaje. La más difícil, y que nada tiene que ver con las demás, es la de “cernhelas”que se ejecuta cuando los forcados han fallado con las demás y están en el ruedo los cabestros. Esta “pega” consiste en que el toro, ya arropado por los cabestros, corre envuelto en estos al hilo de las tablas, girando por el ruedo y allí tienen que entrar, en aquel carrusel de no menos de seis cabestros, el primer pegador y el “rabejador”. El primero sortea a los bueyes en la carrera hasta llegar al toro, que suele ir arropado y el segundo, un poco más por detrás, va a hacer lo mismo. Cuando el primer pegador llega a agarrarse del toro por detrás, sujetando con los brazos la cabeza del toro, el “rabejador”tiene que estar agarrándose al rabo del toro. Si la “pega” es un éxito los bueyes seguirán su camino y los dos forcados se habrán quedado con el toro inmóvil, dominado, pese a los resabios de las precedentes embestidas en las que pudo a los forcados. En caso contrario los dos hombres saldrán mal parados de la suerte.
Ya hemos dicho como se compone un grupo de forcados y es bastante. Pero hay algo más. Ser forcado significa tener orgullo, valor. La dignidad de un forcado está en no abandonar jamás. Si es el primer pegador y resulta arrollado, volverá, mientras no esté tan maltrecho que ello se lo impida, a la cara del toro. Y así todos. A ninguno le falta valor, a ninguno le falta el orgullo de ser forcado. Para ser forcado hay que tener al menos cuatro condiciones: saber torear, conocer el ganado, templar... y tener valor orgulloso para estar encuadrado en un Grupo. Parece increíble que todavía no se haya considerado a Portugal más que por sus toreros a caballo. Portugal está en la linde y no es tan difícil llegarse hasta allí. Vale la pena un viaje.
El origen de los Forcados hay que buscarlo en el siglo XVII, en el que guardaban el acceso al palco real en las plazas que por entonces se improvisaban, acceso que era directo desde el ruedo hasta al palco. Los Forcados de cada pueblo estaban armados de la “forca”, herramienta que consistía en una especie de U al final de un palo de la longitud de la garrocha que actualmente utilizan los picadores. Cuando los Forcados de aquella época, voluntarios entre los labradores y ganaderos les fallaba la “forca”al sujetar al toro por las astas, entraba en juego lo que hoy se llama “pega”.Paraban los toros a cuerpo limpio y con la ayuda de unos a otros. Los alabarderos desjarretaban al toro partiéndole los tendones de las patas con sus lanzas o degollándolo, mientras que los Forcados lo paraban y lo inmovilizaban con sus brazos para que siguiera la fiesta, soltándole cuando el “rabejador”se había hecho con la situación.