"Recorte ceñido" "Recorte ceñido"

Un Torero Gaditano en Madrid  


DE LOCURA...

Tras la alarma social provocada por la dichosa encefalopatía espongiforme bovina es decir el mal de las vacas locas, parece que los famosos priones ya afectaron a algún que otro ser humano. Resulta que como la mayoría de las veces el damnificado de esta catástrofe será el consumidor final y no lo digo por lo que a alimentación se refiere sino por las decisiones salomónicas o declaración de intenciones que toman o hacen los servidores del pueblo y es que éstos, lejos de asumir responsabilidades subsanan su imprudencia cual mal estudiante que copia en los exámenes. 

Concretamente me indignan las declaraciones del consejero de agricultura y pesca del gobierno andaluz quien propone subir el precio de las localidades en los festejos taurinos para así sufragar las aproximadamente setecientas mil pesetas que se estima que perderán los empresarios al no poder comercializar las carnes de los astados. Y es que claro, ¡como los políticos no pasan por taquilla...!.

Llegado el momento entendería que los empresarios aplicaran al pie de la letra esta recomendación máxime cuando a los deficitarios resultados que presentan las ferias taurinas -incluso cuando se televisan- tengamos que unir este pellizco, pero lo que sigo sin entender es que nuestros servidores del pueblo se empeñen en gravar con altos impuestos a una de las tradiciones culturales más importantes de nuestro país y ni siquiera promocionan su continuidad acercando a los jóvenes y al público en general al planeta de los toros para garantizar el futuro de este legado. Es más se aplican el cuento del "que me quiten lo bailao" y siguen asistiendo de "gañote" y en barrera a toda corrida que se precie sin deparar el daño que hacen a la Fiesta cuando incluso algunos alardean de su honorable titulo de "caradura". ¿Cuántos de éstos acuden o acudirán a las plazas cuando se les corte el grifo?.


Señores políticos; aplíquense el cuento y reduzcan el "coladero" que imponen en los pliegos de condiciones pues sin ir más lejos en nuestra Real Plaza de Toros el ayuntamiento se reserva doscientas cuarenta localidades en sombra -a ocho mil pesetas cada una importan la cantidad de un millón novecientas veinte mil pesetas- para cada espectáculo sin contar palcos y burladeros. Y señores empresarios, no caigáis en la tentación de exprimir aún más si cabe al sufrido espectador que bastante tiene con pagar un alto precio por ocupar un escaño de piedra o madera y poco confortable y además tragar con todo en estricto silencio ya que hasta está mal visto que los aficionados se manifiesten negativamente.
A modo de reflexión pienso que lejos de incentivar una mayor afluencia continua a los espectáculos taurinos se está fomentando la deserción del aficionado quien poco a poco, desengañado de tantos "palos" se aleja de las plazas para invertir su dinero en comer más marisco y "pecaito frito" ya que la carne está podrida.

Daniel Pérez Lorenzo