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Sin miedo a que salga el toro más fiero,
cuando sus rodillas se hincan en la arena,
solo el torero en el enorme ruedo
hasta que el brillo del animal suena.
Vuela por aire como castigada,
he ahí cuando los pintores la visión
captan, y luego se verá transformada
en más que una pintura hecha de corazón.
El público siente el arte, la lidia,
creen que nadie tenía esa torería,
sorprendido se levanta y aplaude el coso,
el diestro ajusta su chaquetilla verde oro.
Para dar paso a la suerte del picador
el torero baila una chicuelina,
se arriman toro, capote y lidiador.
¡Cómo ha cambiado la tarde! ¡Qué clamor!
Mar Vázquez Parra
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| El genial Rafael "El Gallo" solía, de vez en cuando, irse a la puerta de chiqueros para ejecutar la suerte llamada a porta gayola o larga cambiada esperando de rodillas. Algunos críticos taurinos de la época, llegaron a afirmar que el citado lance de capa era una suerte más de efecto que de mérito. Como en esta singular fiesta siempre ha sido muy difícil la unanimidad, respetemos dicho calificativo. Obviamente, produce un efecto impresionante en los espectadores; pero, ¿escaso de mérito?.
Lo primero que se produce cuando un diestro camina hacia la puerta de toriles, es un impresionante silencio del público; luego, una angustiosa espera compartida con el torero al saberse que el toro, enclaustrado en un habitáculo totalmente oscuro, sale deslumbrado al recibir el impacto de la claridad y la embestida puede ser incierta. El mérito consiste precisamente en la capacidad que demuestra el diestro de combinar el ritmo del corazón con el del cerebro. Al impetuoso latir del corazón le contrapone la frialdad mental de ordenar al cuerpo todos los movimientos necesarios para salir airoso de esa dramática situación.
Nuestro comprovinciano Juan José Padilla herido recientemente en uno de esos lances que él tanto prodiga, decía en el hospital que pensó en unos segundos, tirarse hacia el lado izquierdo para evitar el previsible encontronazo; pero al mismo tiempo, pensó que él se había puesto de rodillas como torero, y como torero tenía que seguir en ese sitio. Casta, valor y vergüenza torera. Méritos más que sobrados para ganarse el aplauso de todos los aficionados al arte de Cúchares. |
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