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"Modo de acachetar" |
Desde el Burladero |
EL CORPUS GADITANO Y SUS CORRIDAS DE TOROS
| Por Luis Rivas. Crítico taurino.
Recordar es, de alguna manera, volver a vivir. Cuando por estas calendas, nos toca festejar las fiestas del Hábeas, el recuerdo es inevitable. Los espectáculos taurinos en Cádiz, tenían tradición y arraigo, desde mucho antes que se inaugurara, en 1929, la derribada Plaza de la calle Asdrúbal. |
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El festejo se celebró y estos gaditanos, conscientes de que no podían pasar un Corpus sin toros, se sintieron satisfechos, porque entre otras cosas, entendían que el espectáculo más nacional -así lo definió el Conde de las Navas- formaba parte de uno de los días más señalados, del calendario capitalino. Por la mañana, repique de campanas, el tufillo del tomillo, mezclados con los zapatitos y trajes nuevos, para presenciar la procesión con la custodia del millón, y como remate mañanero el desfile, entre copas y tapeo, por los bares de la calle Nueva y San Juan de Dios. El plato fuerte de la tarde, estaba en la moderna y acogedora plaza de toros de la avenida, frente a los cuarteles de Varela. Al hacer esta semblanza histórica, no borra la tristeza que produce a tantos aficionados gaditanos, que ven como pasan los años, desde aquel lejano 1967, en que se clausuró el coso, y la fiesta de los toros no existe en Cádiz. Sevilla, Granada y Toledo, con quienes nuestra capital competían en orden de brillantez y esplendor, nos siguen ganando la partida. Hasta en el tema litúrgico, hemos perdido el tradicional jueves, empujándonos a un domingo más. Si no sabemos cuidar y mantener las tradiciones, mal nos pese.
Quien esto escribe tuvo la suerte de ver precisamente las dos últimas corridas que se celebraron en las fiestas del Corpus, los años 1965 y 1966, ya que el siguiente año, el de la clausura, no se celebró. Apoteósica fue la reaparición del maestro Antonio Ordóñez, que le encantaba torear en la Tacita de Plata. Triunfal como siempre la del sevillano Diego Puerta, al que llamaron Diego Valor, y colosal por su entrega, valor y quietud, la del chiclanero Emilio Oliva. Los toros de García Barroso, ayudaron al triunfo.

Vista general de la desaparecida plaza de toros de Cádiz
No fue el mismo tono triunfal la del siguiente año, en la que los toros de Villamarta, encastados y a contraestilo, para dos estilos geniales, no dieron facilidades. Dejaron gotitas de arte, que pudimos saborear. No hubo más. En cambio Andrés Vázquez, triunfó en el último. El diestro zamorano, al que apoderaba los hermanos Belmonte, a la sazón empresarios, se esforzó con su recio toreo y agradó. Ahí se acabó la historia de las corridas del Corpus. Ojalá, sea un punto y seguido, y un día no muy lejano, la voluntad política del equipo de gobierno, que preside una santanderina de raza, trabajadora y constante, decida recalificar un suelo que ellos conocen y posteriormente sacarlo a subasta. El centro multiusos, con ruedo incluido, será una re alidad y entre muchos espectáculos, lucirán el brillo de los alamares y los bordados de los trajes y capotes.
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