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RELACIONES ARTÍSTICAS CON DOS MAESTROS INOLVIDABLES
Por Jerónimo Roldán Rosa, Periodista.
Fotos: Rafael Iglesias Jiménez.
La jerarquía del toreo posee una graduación que mitifica a sus más indiscutibles figuras. La graduación de maestro consagra a los intérpretes que ejercieron la ortodoxia más ejemplar. Al cumplir los treinta años de alternativa del torero del Puerto José Luis Galloso se nos viene a la memoria las relaciones artísticas que por fortuna a José Luis le dio tiempo a tener con dos maestros indiscutibles como fueron los desaparecidos Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín.

Antonio Bienvenida, el inolvidable maestro padrino de alternativa
de José Luis Galloso, dialogaba en Ubrique en la fecha del 4 de
Octubre de 1970 en los albores periodísticos de Jerónimo Roldán.
Es casi increíble que nos sostengamos en el paso del tiempo con saltos de treinta en treinta años. Vale la explicación cuando el maestro Bienvenida en una tarde de levante insostenible doctoraba a José Luis Galloso en la plaza del Puerto en 1971, ya habían transcurrido casi tres décadas desde que en 1942 se hubiese doctorado el padrino de esta ceremonia que tuvo como testigo a Sebastián Palomo Linares.
Se manifiesta con mucha frecuencia Galloso en sus preferencias artísticas por otros dos grandes toreros como fueron los maestros Antonio Ordóñez y Paco Camino. Sin embargo Galloso mantiene a gala subir el grado de admiración para quienes habían sido máximas figuras y cuya torería magistral le dieron muy valiosos testimonios sirviéndole de ejemplo considerable a través de toda su carrera artística. Era Galloso casi un niño cuando recibía el señorial consejo de su padrino Antonio Bienvenida. Lo recuerda quien ejerció una profesión plena de torería. El maestro Bienvenida desde sus andares hasta sus formas de medir los terrenos, sostener su sonrisa e hilvanar el manejo de las telas respiraba siempre a torero. Sólo la situación cruel de la mala caída mortal propiciada por una vaquilla nos quitó la que pudiera ser todavía su muy necesaria compañía.
Figura indiscutible para la leyenda ha sido el paso por la vida de torero de Antonio Bienvenida. En un tono distinto pero de significativa competencia encontró a otro gran maestro de su época Luis Miguel Dominguín. De ambos tiene uno el grato recuerdo periodístico de haberles conocido personalmente a nivel profesional en octubre de 1970. Los dos -Bienvenida y Luis Miguel- acudieron a un festival organizado por el siempre recordado ganadero Fermín Bohórquez Gómez, padre del actual ganadero y rejoneador y abuelo del jinete que ahora mismo se encuentra en plenitud artística. El festejo tuvo lugar en la última plaza de mampostería que se levantó en la ciudad de Ubrique. Este coso quedaría abandonado con el paso de los años. La Fiesta resultó muy lucida y como profesional del periodismo encontramos una oportunidad de saborear tan apasionante experiencia al entrevistar a estos dos maestros indiscutibles.

Luis Miguel Dominguín otro maestro admirado por Galloso y siendo base de cartel
de tardes gloriosas en El Puerto también coincidió en los primeros pinitos profesionales
de Jerónimo Roldán en la ocasión que toreó un festival mano a mano con Antonio Bienvenida
en Ubrique en la misma fecha del 4 de Octubre de 1970.
El arrebato artístico del maestro Luis Miguel era latente. Al margen de lo comentado vale señalar que a Galloso siempre le dejó perplejo el aval de superación del más pequeño de la familia de los Dominguín. Un triunfo previo sin tener todavía la mayoría de edad de José Luis en Barcelona cuando alternaba con Luis Miguel tuvo la réplica posterior del maestro madrileño advirtiéndole en el patio de cuadrilla que casi le iba a borrar del mapa. Se consumó en la repetición la fanfarronería de Luis Miguel puesto que Galloso siempre tiene muy a gala este ejemplo de superación, de reñida competencia como hecho consecuente de las relaciones artísticas que le dio tiempo a tener con estos dos maestros inolvidables. Lecciones de sabiduría que para sí guarda en la actualidad y que sea por muchos años el torero del Puerto cuando ahora cumple treinta años de su alternativa. Gestos gloriosos de toreros que hacen leyenda histórica en la Fiesta y que transmiten con el paso del tiempo sus mejores condiciones para que sirvan del mejor estilo en la sucesión de las nuevas generaciones.
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