BRAVURA
DEFENSIVA
Por
Olga Pérez Puyana.
Redactora taurina de TELEPUERTO
"Los
kilos y los pitones son sólo emoción efímera".
"Siempre me han preocupado más sus ideas, que la estampa
de un toro que luego no se corresponde con su comportamiento".
Luis Francisco Esplá.
"Si no embiste esto que está en tipo... no sé
dónde vamos a llegar..."
Enrique Ponce, José Tomás, Finito de Córdoba...
En
el inmenso templo legado por la historia taurina, desde la desconchada
oscuridad del toril, desde las entrañas mismas de la fiesta,
surge a la luminosa redondez del ruedo... el toro.
No son buenos tiempos para la lírica
y son tiempos de continua reflexión para la fiesta; pero
nadie olvida a su verdadero protagonista como elemento unificador
de criterios, y de imposible previsión y conocimiento en
su amplia amalgama de opiniones y disyuntivas en torno a su comportamiento
y a su físico.
Tras de sí, derrota en un burladero
y envía mensajes urgentes sobre su condición. En
la polvareda que levanta se ocultan, y sólo vislumbran,
sus cuatro años de existencia campera, preparando todo
su final desde su nacimiento. Veinte minutos finales componen
su lidia y el significado de todo su existir terrenal. La cara
y la cruz de una personalidad pura y acaparadora de miradas y
deseos, prendido su destino desde el toque de clarín que
queda vibrando en el corazón del hombre de luces que ha
de darle lidia y muerte.
Desde su medio natural, en una plácida calma campera, cansino
y apacible, sus ojos muestran sus virtudes, defectos, indicios
de su comportamiento. Mágicos y enigmáticos desde
sus entrañas como el alma brota a raudales una personalidad
colaboradora o un bravo y corajudo ejemplar. Serena mirada de
noble instinto o brasas de ira y temperamento que marcan al diestro
que le hace frente, porque aunque las personas ajenas a la fiesta
no lo entiendan, el torero es quien ama más intensamente
al toro bravo.
Ambos protagonistas de una lucha sin
tregua, donde se opera en él como una masa informe a amoldar
y colmatar en una colaboración sumisa y profunda, rebozar
la negrura poderosa por el fajín. No existe una definición
más o menos correcta y más aún medianamente
acertada pues no hay algo más complejo que un toro bravo.
Es sin duda casi imposible si se trata de un ejemplar concreto,
el concepto es subjetivo y abstracto pues es diferente tanto como
las miles de retinas que lo presenciamos. Lo más curioso
y paradójico es que los aficionados tildados de toristas
son los más alejados de la realidad y bucean en una ignorancia
a veces desproporcionada, los más complicados y contradictorios
a la hora de intercambiar impresiones. Mil y una discusiones palpan
el pulso de la actualidad del toro bravo y en cada una de ellas
se extraen conclusiones nuevas. Unas afirman llevar implícita
la nobleza y para otras opiniones la fiereza, para otras es aquel
toro que se arranca de lejos y toma tres varas, magnifica utopía,
que mete la cara y suele arrastrar su rostro por el albero. Mil
definiciones y caracteres. El toro gordo, impresionante, potente,
musculado, fuerte y correoso, con el cual se pasa las de Caín...
nadie creo estar capacitado para aproximar una definición,
porque ante un animal irracional y voluble, unos toman como referencia
su bravura y su casta de diferente manera.
Además, todas las definiciones
hoy día estan empañadas por intereses personales
a quien más atañe es decir, ganaderos, toreros,
empresarios...
Quizás sea la alegría en la embestida y la fijeza,
su temple natural, humillar en el embroque sin dar signos de debilidad,
embestir con codicia a más en todos los tercios y que a
la hora de cumplir con su injusto destino lo hace a las ordenes
de su caprichoso sino. Un animal poderoso y bello, impresionante
como impresionable, fino de cabos y enmorrillado.
Un tipo morfológico que en su justa
medida nos pueda otorgar una auténtica lidia. Hoy es del
todo consciente y patente que la fiesta discurre ante algo evidente
en cada festejo: la ausencia del verdadero protagonista, que se
presenta en el ruedo de forma casi como espejismo irreal para
ser ultrajado. En función de la demanda, el peso se ha
desproporcionado y el trapío, término para el cual
no encuentro significado, se ha confundido y se ha vuelto imprecisable.
Durante la lidia ha de sufrir no sólo
el estrés que transcurre desde su éxodo rural sino
una masacre en varas, suerte que está perdiendo por momentos
su grandeza, sólo es un choque frontal del ejemplar bestial
y mastodóntico contra un peto ortopédico que nunca
podrá alcanzar. En el tercio final arrastramos un animal
herido, atorado y ahogado de kilos. Problemas que se condensan
en pura y simple economía "dada la masificación,
la cantidad en exceso, al aumentar la demanda, baja la calidad
al momento, la selección exhaustiva y con ella los problemas
que implica la cantidad".
Seriedad y volumen han aparcado la bravura.
Un animal que no puede desplazar su propio peso, y la moda de
las moles jurásicas o locomotoras de la España industrial,
están desnaturalizando al toro bravo y uniformando la variedad
de los encastes. Temas más o menos espinosos colaboran
a empañar la imagen del animal más bello del paisaje
rural por causas ajenas a su propia naturaleza.
No debemos olvidar que muchos de esos
ejemplares han sesgado la vida de muchos hombres en el seno de
la fiesta y no entenderé nunca el término torerista
pues es una incongruencia de difícil amnistía. Supone
ponerse de parte de uno de los protagonistas de la fiesta de antemano
y ello es injusto e incomprensible pues es un juego de vida y
muerte donde las dos piezas son absolutamente necesarias. Cuando
se cierra el telón aquí se escenifica la verdad
de la fiesta y hemos de entonar el "mea culpa" en algunos
desmanes en la fiesta que hemos alentado.
En definitiva, una desnaturalización
del toro bravo de lo cual todos somos en parte testigos y en parte
implicados, sin dejar de lado que del animal que hablamos se ha
llevado para siempre vidas humanas porque pese al miedo, al reto
de enfrentarlo, nadie, ni siquiera los criadores, aman y admiran
tanto como el hombre que ha de poner fin a su existencia... nadie...
que habrá finalizar con esa bravura defensiva liberadora...