Nº 6 - Septiembre de 2002
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BRAVURA DEFENSIVA
Por Olga Pérez Puyana.
Redactora taurina de TELEPUERTO

    "Los kilos y los pitones son sólo emoción efímera".
"Siempre me han preocupado más sus ideas, que la estampa de un toro que luego no se corresponde con su comportamiento". Luis Francisco Esplá.
"Si no embiste esto que está en tipo... no sé dónde vamos a llegar..."
Enrique Ponce, José Tomás, Finito de Córdoba...

    En el inmenso templo legado por la historia taurina, desde la desconchada oscuridad del toril, desde las entrañas mismas de la fiesta, surge a la luminosa redondez del ruedo... el toro.

    No son buenos tiempos para la lírica y son tiempos de continua reflexión para la fiesta; pero nadie olvida a su verdadero protagonista como elemento unificador de criterios, y de imposible previsión y conocimiento en su amplia amalgama de opiniones y disyuntivas en torno a su comportamiento y a su físico.

    Tras de sí, derrota en un burladero y envía mensajes urgentes sobre su condición. En la polvareda que levanta se ocultan, y sólo vislumbran, sus cuatro años de existencia campera, preparando todo su final desde su nacimiento. Veinte minutos finales componen su lidia y el significado de todo su existir terrenal. La cara y la cruz de una personalidad pura y acaparadora de miradas y deseos, prendido su destino desde el toque de clarín que queda vibrando en el corazón del hombre de luces que ha de darle lidia y muerte.
Desde su medio natural, en una plácida calma campera, cansino y apacible, sus ojos muestran sus virtudes, defectos, indicios de su comportamiento. Mágicos y enigmáticos desde sus entrañas como el alma brota a raudales una personalidad colaboradora o un bravo y corajudo ejemplar. Serena mirada de noble instinto o brasas de ira y temperamento que marcan al diestro que le hace frente, porque aunque las personas ajenas a la fiesta no lo entiendan, el torero es quien ama más intensamente al toro bravo.

     Ambos protagonistas de una lucha sin tregua, donde se opera en él como una masa informe a amoldar y colmatar en una colaboración sumisa y profunda, rebozar la negrura poderosa por el fajín. No existe una definición más o menos correcta y más aún medianamente acertada pues no hay algo más complejo que un toro bravo. Es sin duda casi imposible si se trata de un ejemplar concreto, el concepto es subjetivo y abstracto pues es diferente tanto como las miles de retinas que lo presenciamos. Lo más curioso y paradójico es que los aficionados tildados de toristas son los más alejados de la realidad y bucean en una ignorancia a veces desproporcionada, los más complicados y contradictorios a la hora de intercambiar impresiones. Mil y una discusiones palpan el pulso de la actualidad del toro bravo y en cada una de ellas se extraen conclusiones nuevas. Unas afirman llevar implícita la nobleza y para otras opiniones la fiereza, para otras es aquel toro que se arranca de lejos y toma tres varas, magnifica utopía, que mete la cara y suele arrastrar su rostro por el albero. Mil definiciones y caracteres. El toro gordo, impresionante, potente, musculado, fuerte y correoso, con el cual se pasa las de Caín... nadie creo estar capacitado para aproximar una definición, porque ante un animal irracional y voluble, unos toman como referencia su bravura y su casta de diferente manera.

    Además, todas las definiciones hoy día estan empañadas por intereses personales a quien más atañe es decir, ganaderos, toreros, empresarios...
Quizás sea la alegría en la embestida y la fijeza, su temple natural, humillar en el embroque sin dar signos de debilidad, embestir con codicia a más en todos los tercios y que a la hora de cumplir con su injusto destino lo hace a las ordenes de su caprichoso sino. Un animal poderoso y bello, impresionante como impresionable, fino de cabos y enmorrillado.

    Un tipo morfológico que en su justa medida nos pueda otorgar una auténtica lidia. Hoy es del todo consciente y patente que la fiesta discurre ante algo evidente en cada festejo: la ausencia del verdadero protagonista, que se presenta en el ruedo de forma casi como espejismo irreal para ser ultrajado. En función de la demanda, el peso se ha desproporcionado y el trapío, término para el cual no encuentro significado, se ha confundido y se ha vuelto imprecisable.

    Durante la lidia ha de sufrir no sólo el estrés que transcurre desde su éxodo rural sino una masacre en varas, suerte que está perdiendo por momentos su grandeza, sólo es un choque frontal del ejemplar bestial y mastodóntico contra un peto ortopédico que nunca podrá alcanzar. En el tercio final arrastramos un animal herido, atorado y ahogado de kilos. Problemas que se condensan en pura y simple economía "dada la masificación, la cantidad en exceso, al aumentar la demanda, baja la calidad al momento, la selección exhaustiva y con ella los problemas que implica la cantidad".

    Seriedad y volumen han aparcado la bravura. Un animal que no puede desplazar su propio peso, y la moda de las moles jurásicas o locomotoras de la España industrial, están desnaturalizando al toro bravo y uniformando la variedad de los encastes. Temas más o menos espinosos colaboran a empañar la imagen del animal más bello del paisaje rural por causas ajenas a su propia naturaleza.

    No debemos olvidar que muchos de esos ejemplares han sesgado la vida de muchos hombres en el seno de la fiesta y no entenderé nunca el término torerista pues es una incongruencia de difícil amnistía. Supone ponerse de parte de uno de los protagonistas de la fiesta de antemano y ello es injusto e incomprensible pues es un juego de vida y muerte donde las dos piezas son absolutamente necesarias. Cuando se cierra el telón aquí se escenifica la verdad de la fiesta y hemos de entonar el "mea culpa" en algunos desmanes en la fiesta que hemos alentado.

    En definitiva, una desnaturalización del toro bravo de lo cual todos somos en parte testigos y en parte implicados, sin dejar de lado que del animal que hablamos se ha llevado para siempre vidas humanas porque pese al miedo, al reto de enfrentarlo, nadie, ni siquiera los criadores, aman y admiran tanto como el hombre que ha de poner fin a su existencia... nadie... que habrá finalizar con esa bravura defensiva liberadora...