¿INTEGRIDAD
O INTEGRISMO?
Por
Daniel Pérez Lorenzo
Hace
ya mucho tiempo que en las crónicas taurinas no se cita
eso de que la gente salió de la plaza dando pases en referencia
figurada a lo sublime de lo acontecido en el ruedo. Y hace tiempo
porque entre otros motivos parece norma común el que los
espectáculos taurinos consigan en mayor medida crear crispación
que el disfrute del aficionado. Digo esto en alusión a
lo que presencié recientemente en la Monumental de Barcelona.
La maldita frase "...tarde de expectación, tarde de
decepción..." se erigió en protagonista una
vez más para nuestro pesar y eso que a priori nos disponíamos
a degustar el excelente cartel formado por Paco Ojeda, José
Tomás y Miguel Abellán con toros de Zalduendo.
No obstante, en esta ocasión habría
que eximir de parte de culpa a los toros en detrimento del taurinismo,
empeñado en restar integridad a la Fiesta para fortalecer
una especie de integrismo y que en numerosos puntos del orbe taurino
-excepciones hechas de Madrid y otras plazas- cuenta con el beneplácito
de la autoridad competente en la materia quien permite la burla
al aficionado que en definitiva mantiene la Fiesta. Integrismo
este que no hace más que refrendar el hecho de que las
plazas de toros estén cada vez más mermadas de público
o integrismo que da la razón a grupos como el "siete"
de Madrid quienes, guste o no aún mantiene el nivel -en
cuanto a la presencia del toro se refiere- de la plaza de Las
Ventas.
Bien
pudiera parecer que los detractores de la Fiesta son los propios
taurinos y eso que a ésta no le faltan opiniones en contra
aunque alguien me dirá que el toro chico y escaso de pitones
también hiere y mata pero sin duda, no transmite emoción.
En mi opinión estamos rozando el límite
entre lo referido: integridad e integrismo. Y este límite
contiene razón de ser en el Toro. Ni mastodonte, ni novillo,
ni cornalón, ni desmochado. Simplemente el Toro que ante
todo esté en consonancia con la categoría del espectáculo
y de la plaza y que emane la emoción necesaria y suficiente
como para hacer callar los comentarios jocosos de paupérrimos
aficionados embravecidos por el contagio que le producen la abulia
y el aburrimiento en el ruedo.
No obstante veo lógica la postura y
el criterio de quienes se ponen delante y exigen al enemigo más
liviano posible pues en ello les va la vida pero lo que no es
admisible es la paciente permisividad de la autoridad quien en
ocasiones y ante la posibilidad de suspender el espectáculo
da el visto bueno para que la corrida se celebre, sin caer en
la cuenta de que llegará el día en que el sufrido
espectador sea el que suspenda de verdad pero sin derecho a reválida,
desertando de los tendidos contrariado de tanto integrismo.
Por cierto... José Tomás ejecutó
excelentes muletazos al quinto de la tarde pero el público
carente de emociones y ante el escaso trapío y presencia
de su enemigo, vitoreaba la faena al grito de "novillero,
novillero...". Lamentable.