Nº 6 - Septiembre de 2002
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  Despeje de plaza  
 

¿INTEGRIDAD O INTEGRISMO?
Por Daniel Pérez Lorenzo

    Hace ya mucho tiempo que en las crónicas taurinas no se cita eso de que la gente salió de la plaza dando pases en referencia figurada a lo sublime de lo acontecido en el ruedo. Y hace tiempo porque entre otros motivos parece norma común el que los espectáculos taurinos consigan en mayor medida crear crispación que el disfrute del aficionado. Digo esto en alusión a lo que presencié recientemente en la Monumental de Barcelona. La maldita frase "...tarde de expectación, tarde de decepción..." se erigió en protagonista una vez más para nuestro pesar y eso que a priori nos disponíamos a degustar el excelente cartel formado por Paco Ojeda, José Tomás y Miguel Abellán con toros de Zalduendo.

    No obstante, en esta ocasión habría que eximir de parte de culpa a los toros en detrimento del taurinismo, empeñado en restar integridad a la Fiesta para fortalecer una especie de integrismo y que en numerosos puntos del orbe taurino -excepciones hechas de Madrid y otras plazas- cuenta con el beneplácito de la autoridad competente en la materia quien permite la burla al aficionado que en definitiva mantiene la Fiesta. Integrismo este que no hace más que refrendar el hecho de que las plazas de toros estén cada vez más mermadas de público o integrismo que da la razón a grupos como el "siete" de Madrid quienes, guste o no aún mantiene el nivel -en cuanto a la presencia del toro se refiere- de la plaza de Las Ventas.

    
Bien pudiera parecer que los detractores de la Fiesta son los propios taurinos y eso que a ésta no le faltan opiniones en contra aunque alguien me dirá que el toro chico y escaso de pitones también hiere y mata pero sin duda, no transmite emoción.

    En mi opinión estamos rozando el límite entre lo referido: integridad e integrismo. Y este límite contiene razón de ser en el Toro. Ni mastodonte, ni novillo, ni cornalón, ni desmochado. Simplemente el Toro que ante todo esté en consonancia con la categoría del espectáculo y de la plaza y que emane la emoción necesaria y suficiente como para hacer callar los comentarios jocosos de paupérrimos aficionados embravecidos por el contagio que le producen la abulia y el aburrimiento en el ruedo.

    No obstante veo lógica la postura y el criterio de quienes se ponen delante y exigen al enemigo más liviano posible pues en ello les va la vida pero lo que no es admisible es la paciente permisividad de la autoridad quien en ocasiones y ante la posibilidad de suspender el espectáculo da el visto bueno para que la corrida se celebre, sin caer en la cuenta de que llegará el día en que el sufrido espectador sea el que suspenda de verdad pero sin derecho a reválida, desertando de los tendidos contrariado de tanto integrismo.

    Por cierto... José Tomás ejecutó excelentes muletazos al quinto de la tarde pero el público carente de emociones y ante el escaso trapío y presencia de su enemigo, vitoreaba la faena al grito de "novillero, novillero...". Lamentable.