TOMÁS,
LA PLAZA REAL, LAS VENTAS Y JOSÉ TOMÁS
Por
Manuel Sotelino.
Crítico Taurino de COPE JEREZ
Todo
el mundo está como loco con lo ocurrido en Madrid en los
pasados "sanisidros" cuando un torero llamado José
Tomás -y que no tiene que ver nada con ese otro que es
Tomás y que nos encandilaba con naturales de seda y oro
hace tres años en El Puerto de Santa María- cortaba
orejas y hacía rugir la primera plaza del mundo con medios
pases superfluos. Pues así fue la cosa y una faena de matices
fue aclamada por un público mediatizado por no se sabe
bien qué engendro o qué sumo pontífice que
vendía humo a la puerta de la plaza. En esta línea,
a Martín Arranz y a su particular circo le quedan un telediario
sin entrevistas que conceder a periodistas doctos en la materia
y sin nada que ver con el fútbol y el espectáculo
del deporte "radiofóniconocturno".
El que ahora suscribe estas letras, queriendo
tomar el pulso de primera mano y comprobar lo que pueda estar
ocurriendo en el Madrid de la criba y la exigencia, se desplazó
hasta Las Ventas del Espíritu Santo a observar cómo
era posible que un toreo tan pueril podía ser tan receptivo
y tan recompensado en la primera plaza del Planeta de los Toros.
Llegados al punto de hablar con no pocos aficionados, no tuve
más remedio que sacar la conclusión de que Madrid,
en líneas generales, saca con este torero más pecho
que Villalpando cuando regaló a la Fiesta un torero eterno
que se llama Andrés Vázquez, claro que el efecto
comparativo hay que sacarlo con las proporciones demográficas
de uno y otro ejemplo. Lo cierto es que lo de José Tomás
en Madrid este año han sido matices, sólo matices.
Eso es todo. Y eso sin contar con un petardo grande en el día
de La Beneficencia. Ni hubo ligazón, ni ese sentido dramático
que imprime a su toreo en ninguna de las tardes que alternó
en Madrid. Todo fue con pocos recursos estéticos. Y en
algunas tardes, como la citada de La Beneficencia, vimos un José
Tomás ido, ordinario y mediocre, sin tener nada que ver
con el que conquistaba las Ventas a carta cabal en los "sanisidros"
del 97 y al que todos conocíamos con sólo decir
Tomás.
Viendo la inminente cartelería
que nos ha preparado el señor Ojeda para la Temporada Taurina
del Verano en El Puerto de Santa María, me acuerdo precisamente
de las faenas madrileñas de José Tomás. Sí,
de ese José Tomás que no es el Tomás del
que tanto hemos hablado. Me preguntaba yo en la rueda de prensa
de Justo Ojeda donde se daban a conocer los carteles, que cuál
sería el torero que la empresa habrá contratado
para que venga este verano a El Puerto. ¿Al Tomás
de la Plaza Real hace tres años, o al José Tomás
con poca profundidad, largura y sitio en la cara de los toros?
¿Será ese torero al que ya vemos distante al Tomás
que nos gustaba tanto?
Si a medio gas José Tomás
conquista a la mejor plaza del mundo, en El Puerto, con una afición
bonancible, el medio toro con poca "maera" y todo a
favor, el de Galapagar es capaz de llevarse al cornúpeta
de recuerdo. Regalo de la casa. Después diremos que José
Tomás estuvo enorme en la plaza Real de El Puerto. Vale.
Pero en esa línea no se parecerá en nada a aquel
que nos hacía tirar las libretas a los periodistas taurinos
en el palco de prensa mientras sus únicos argumentos era
una muleta planchada haciendo círculos, templada y de largo
recorrido como un tren de mercancías. La pata alante y
cargando la suerte. Jo, si llega a torear así el día
de La Beneficencia, si en lugar de ser éste se hubiese
transformado y hubiese sido el Tomás al que vimos en el
año 1999 en la Plaza Real, entonces amigos, quitan la Cibeles
y le colocan embalsamado. Dicen que el aire de la Bahía
inspira al torero de Galapagar y lo transforma en ese Tomás
que todos queremos. Ojalá sea así, yo estoy dispuesto,
después, a contarlo y a cantarlo porque soy partidario
del toreo sin nombres. Y si ha de tenerlo, prefiero siempre el
más corto. Con Tomás nos sobra para entendernos
¿O no?