Nº 6 - Septiembre de 2002
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TOMÁS, LA PLAZA REAL, LAS VENTAS Y JOSÉ TOMÁS
Por Manuel Sotelino.
Crítico Taurino de COPE JEREZ

    Todo el mundo está como loco con lo ocurrido en Madrid en los pasados "sanisidros" cuando un torero llamado José Tomás -y que no tiene que ver nada con ese otro que es Tomás y que nos encandilaba con naturales de seda y oro hace tres años en El Puerto de Santa María- cortaba orejas y hacía rugir la primera plaza del mundo con medios pases superfluos. Pues así fue la cosa y una faena de matices fue aclamada por un público mediatizado por no se sabe bien qué engendro o qué sumo pontífice que vendía humo a la puerta de la plaza. En esta línea, a Martín Arranz y a su particular circo le quedan un telediario sin entrevistas que conceder a periodistas doctos en la materia y sin nada que ver con el fútbol y el espectáculo del deporte "radiofóniconocturno".

    El que ahora suscribe estas letras, queriendo tomar el pulso de primera mano y comprobar lo que pueda estar ocurriendo en el Madrid de la criba y la exigencia, se desplazó hasta Las Ventas del Espíritu Santo a observar cómo era posible que un toreo tan pueril podía ser tan receptivo y tan recompensado en la primera plaza del Planeta de los Toros. Llegados al punto de hablar con no pocos aficionados, no tuve más remedio que sacar la conclusión de que Madrid, en líneas generales, saca con este torero más pecho que Villalpando cuando regaló a la Fiesta un torero eterno que se llama Andrés Vázquez, claro que el efecto comparativo hay que sacarlo con las proporciones demográficas de uno y otro ejemplo. Lo cierto es que lo de José Tomás en Madrid este año han sido matices, sólo matices. Eso es todo. Y eso sin contar con un petardo grande en el día de La Beneficencia. Ni hubo ligazón, ni ese sentido dramático que imprime a su toreo en ninguna de las tardes que alternó en Madrid. Todo fue con pocos recursos estéticos. Y en algunas tardes, como la citada de La Beneficencia, vimos un José Tomás ido, ordinario y mediocre, sin tener nada que ver con el que conquistaba las Ventas a carta cabal en los "sanisidros" del 97 y al que todos conocíamos con sólo decir Tomás.

     Viendo la inminente cartelería que nos ha preparado el señor Ojeda para la Temporada Taurina del Verano en El Puerto de Santa María, me acuerdo precisamente de las faenas madrileñas de José Tomás. Sí, de ese José Tomás que no es el Tomás del que tanto hemos hablado. Me preguntaba yo en la rueda de prensa de Justo Ojeda donde se daban a conocer los carteles, que cuál sería el torero que la empresa habrá contratado para que venga este verano a El Puerto. ¿Al Tomás de la Plaza Real hace tres años, o al José Tomás con poca profundidad, largura y sitio en la cara de los toros? ¿Será ese torero al que ya vemos distante al Tomás que nos gustaba tanto?

     Si a medio gas José Tomás conquista a la mejor plaza del mundo, en El Puerto, con una afición bonancible, el medio toro con poca "maera" y todo a favor, el de Galapagar es capaz de llevarse al cornúpeta de recuerdo. Regalo de la casa. Después diremos que José Tomás estuvo enorme en la plaza Real de El Puerto. Vale. Pero en esa línea no se parecerá en nada a aquel que nos hacía tirar las libretas a los periodistas taurinos en el palco de prensa mientras sus únicos argumentos era una muleta planchada haciendo círculos, templada y de largo recorrido como un tren de mercancías. La pata alante y cargando la suerte. Jo, si llega a torear así el día de La Beneficencia, si en lugar de ser éste se hubiese transformado y hubiese sido el Tomás al que vimos en el año 1999 en la Plaza Real, entonces amigos, quitan la Cibeles y le colocan embalsamado. Dicen que el aire de la Bahía inspira al torero de Galapagar y lo transforma en ese Tomás que todos queremos. Ojalá sea así, yo estoy dispuesto, después, a contarlo y a cantarlo porque soy partidario del toreo sin nombres. Y si ha de tenerlo, prefiero siempre el más corto. Con Tomás nos sobra para entendernos ¿O no?