JOSÉ
TOMÁS NO ES EL MISMO, PERO...
Por
José Antonio Jiménez.
Cronista taurino de ONDA CERO
En
Jerez el de Galapagar volvió a bordar el toreo. Si bien
no fue una tarde redonda comparada con las que ha dado en El Puerto,
si pudimos paladear la dimensión de la torería y
empaque de un diestro distinto que rompe con la monotonía
de toreros que como dice Paula: "Vueltos de espaldas parecen
todos los mismos". José Tomás tiene personalidad.
Dicen que se parece a Manolete o que intenta imitarlo. Por esa
misma regla de tres, Vicente Barrera es la reencarnación
en carne y hueso (absténganse de comparaciones que puedan
resultar odiosas) del monstruo de Córdoba. Por cierto que
según los buenos aficionados, ya curtidos en mil tendidos,
al que si se asemeja José Tomás es a Mondeño.
Con espíritu de teórico habría que decir
que José Tomás no es el mismo de hace dos temporadas
pero con alma de aficionado, el diestro de Galapagar no ha perdido
un ápice de misterio y duende. En todas las épocas
han existido forofos de un torero, joselitistas, belmontistas,
paulistas y curristas se han acercado a las plazas atraídos
por algo inexplicable que no es otra cosa que la emoción,
"el pellizco", el arte o como le quieran llamar. Con
José Tomás puede que esté pasando algo parecido.
Incluso ya se escriben libros sobre él, en los que autores
de diferentes manifestaciones artísticas se declaran "tomasistas"
aférrimos. El último ejemplo lo encontramos en "Reflexiones
sobre José Tomás" donde cantautores como Joaquín
Sabina se declaran enamorados del arte de José Tomás
o en otro libro recién publicado titulado "José
Tomás. Claves y rituales de un enigma", el autor es
Javier Villán (crítico taurino del Diario El Mundo).
La presentación de este último libro fue el Círculo
de Bellas Artes de Madrid y a ella asistieron entre otros Albert
Boadella, Fernando Sánchez Dragó, Emilio Torné
y Joaquín Sabina. Lo único malo es que este ambiente
de glamour intelectual enrarezca más al toreo de lo que
está porque ustedes me dirán lo que puede dar de
si una tertulia entre todos los anteriormente citados. El resultado
puede ser una empanada mental de aquí te espero. Pero como
no hay más cera que la que arde y los demás solo
quieren cortar orejas pues bienvenido sea todo este ambiente un
poco pedante. José Tomas no se ha
conformado
con trazar líneas perfectas del toreo sino que ha buscado
dentro de si su verdadera identidad y como artista interpreta
lo que lleva dentro, estando al margen de críticas, teóricos
e ilustrados periodistas. Un hecho muy significativo es que hace
dos años todos estábamos de acuerdo y ahora unos
que si y otros que no, pues bienvenida sea la polémica.
Por otro lado no hay que olvidar el tirón taquillero que
sigue teniendo o el mando que tiene sobre las empresas a la hora
de elegir uno por delante y este o aquel toro, hecho solo reservado
para tres o cuatro. Parece ser que la mala temporada del año
pasado le ha servido para tomar aire y reencontrarse consigo mismo.
Ahora, es verdad que no es tan perfecto pero ha ganado en arte,
estética y plasticidad. El toreo es un mosaico y gracias
a Dios siguen existiendo toreros como este que le dan a la fiesta
un toque de magia. José Tomás está en el
punto de mira como lo ha estado Enrique Ponce, Espartaco (al maestro
le recuerdan muchos, como dice un buen compañero, por ser
buena gente y no por el mérito de haber sido el torero
que más años ha sido el número uno del escalafón
de la historia), Paco Ojeda, Antonio Ordóñez, El
Cordobés, etc, a todos como figurones del toreo se les
ha puesto en tela de juicio. Curiosamente estos y otros tantos
han tenido y tienen una personalidad distinta e intrasferible.
Los demás incluso toreando mejor, caso de Rafael Ortega
pasaron al olimpo de los dioses con más pena que gloria
y sin ser reconocidos como se les merece. En el arte es muy difícil
aunar criterios y más aun cuando el artista es genuino.
Es entonces cuando los puristas se rasgan las vestiduras y afirman
estar iluminadas por estar ellos en posesión de la verdad.
Por citar un ejemplo algunos estudiosos e ilustrados críticos
del flamenco afirman que Camarón no hacía el cante
de verdad y además lo desprecian como algo apócrifo
que está al margen del cante puro. Como si en esto del
arte hubiese unas medidas exactas y cánones inalterables,
cuando precisamente esos que se lo han saltado han sido los genios.
Y es ahí cuando hay un juez que dicta sentencia y ese no
es otro que el tiempo. Todo lo que perdure en la retina de los
aficionados será lo auténtico. Quizás José
Tomás va camino de ser un torero irregular y estará
al margen de cifras y estadísticas dado su espíritu
no competitivo. No es el primer caso, muchos han entendido el
toreo así y han estado en esto el tiempo que han querido.
A lo mejor se recordarán sus faenas a lo largo de la temporada
con los dedos de la mano pero esas serán imborrables y
únicas. El caso es que no pasa inadvertido. El paso del
tiempo nos sacará de duda.