Nº 6 - Septiembre de 2002
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NO SÉ DE TOROS
Por Luis Galán Pérez

    Tal y como indica el encabezamiento, no sé de toros. Ni siquiera aspiro a convertirme en un erudito con la cabeza llena de datos, fechas e historias oídas y aumentadas hasta llegar a convertirse en leyendas que acaban escritas y adquieren la credibilidad de Historia. Mi opinión, creo debe tomarse como un oasis en un desierto cubierto por la arena de la sabiduría de quienes poseen mayor conocimiento en cuanto acontece entre las astas de una fiesta, arte, espectáculo o negocio. Y... ya puestos, esa es la cuestión: ¿qué son Los Toros? Yo no lo voy a decir, porque seguramente habrá razones de peso que por ignorancia pasaría por alto, pero lo que no me puede negar nadie, es la falta de competencia y rivalidad que existe en Los Toros, sea arte, espectáculo, etc. Y quizás, apunto solamente quizás, este sea uno de los elementos fundamentales que cuando se ausenta, derive en la duda de la definición concreta. Según tengo entendido, a finales del siglo XVIII ya se daba cita en la plaza una rivalidad entre Pedro Romero y Costillares, consiguiendo éste último crear el volapié, tal vez con el afán de superar a su rival.

     Más tarde, serían enemigos en el arte, aunque el arte es la sabana más fiel para cubrir la amistad, Lagartijo y Frascuelo, Bombita y Machaquito con Vicente Pastor y Rafael el Gallo. Arruza y Manolete y... como no, Joselito y Belmonte.

    Ahora, parece que todos los toreros son amigos íntimos, o tal vez, compañeros de trabajo solidarios que pertenecen a la misma plataforma sindical. Aquí ya no se pica nadie, ni se molestan por el triunfo ajeno o se hunden por el fracaso propio. La competencia, viene de la mano de la superación, y la superación germina el arte oculto de cada uno para alimentar nuestro ego y obsequiar a los demás con ese derroche artístico. Actualmente, si hoy cortas oreja tú, mañana la corto yo, y las dos tardes las cobramos los dos. (Ovación y sin vuelta; "pa casa" que mañana otra vez).

    Al no existir rivalidad, tampoco se prodigan los partidarios. Acaso hoy son unos seguidores descafeinado-as a los que llaman fans y que sin afición taurina, se fijan más en la taleguilla que en la propia faena en el ruedo. Si a esto le sumamos que cuando asisten a la plaza, piden la oreja por aquello de participar de la fiesta con un pañuelo que ha llevado para la ocasión, se nos va totalmente de las manos el asunto. Cuando este tipo de fan acude a la plaza, su disfrute consiste en que "su torero" triunfe como sea, tal vez para causar envidia a la vecina contándole que se perdió una gran corrida en la que el torero de moda triunfó, como siempre. Meonas de tendido y marujeo barato que nada tiene que ver con la verdadera aficionada, que también las hay, por supuesto. Luego está el veraneante de turno, que si en Abril se pone de corbata para asistir a la Maestranza, aquí se nos cuela en bermudas y camiseta de propaganda y no deja de hablar en el tendido, sin tener en cuenta que el silencio le corresponde a todos los escenarios donde se desarrolle una labor artística. En fin, que esto se va de las manos y dentro de poco, no me extrañaría que sacaran un programa de televisión titulado "Operación Torero" y entonces, apaga y vámonos.

    Falta rivalidad, cultura taurina, y rigor en los trofeos. Como alguien dijo de Joselito y Belmonte: "La llave de la grandeza y del misterio del toreo, se la llevaron con ellos y pasarán muchas generaciones de matadores hasta que la tauromaquia nos dé rivales de su dimensión".