NO
SÉ DE TOROS
Por
Luis Galán Pérez
Tal
y como indica el encabezamiento, no sé de toros. Ni siquiera
aspiro a convertirme en un erudito con la cabeza llena de datos,
fechas e historias oídas y aumentadas hasta llegar a convertirse
en leyendas que acaban escritas y adquieren la credibilidad de
Historia. Mi opinión, creo debe tomarse como un oasis en
un desierto cubierto por la arena de la sabiduría de quienes
poseen mayor conocimiento en cuanto acontece entre las astas de
una fiesta, arte, espectáculo o negocio. Y... ya puestos,
esa es la cuestión: ¿qué son Los Toros? Yo
no lo voy a decir, porque seguramente habrá razones de
peso que por ignorancia pasaría por alto, pero lo que no
me puede negar nadie, es la falta de competencia y rivalidad que
existe en Los Toros, sea arte, espectáculo, etc. Y quizás,
apunto solamente quizás, este sea uno de los elementos
fundamentales que cuando se ausenta, derive en la duda de la definición
concreta. Según tengo entendido, a finales del siglo XVIII
ya se daba cita en la plaza una rivalidad entre Pedro Romero y
Costillares, consiguiendo éste último crear el volapié,
tal vez con el afán de superar a su rival.
Más tarde, serían enemigos
en el arte, aunque el arte es la sabana más fiel para cubrir
la amistad, Lagartijo y Frascuelo, Bombita y Machaquito con Vicente
Pastor y Rafael el Gallo. Arruza y Manolete y... como no, Joselito
y Belmonte.
Ahora, parece que todos los toreros son amigos íntimos,
o tal vez, compañeros de trabajo solidarios que pertenecen
a la misma plataforma sindical. Aquí ya no se pica nadie,
ni se molestan por el triunfo ajeno o se hunden por el fracaso
propio. La competencia, viene de la mano de la superación,
y la superación germina el arte oculto de cada uno para
alimentar nuestro ego y obsequiar a los demás con ese derroche
artístico. Actualmente, si hoy cortas oreja tú,
mañana la corto yo, y las dos tardes las cobramos los dos.
(Ovación y sin vuelta; "pa casa" que mañana
otra vez).
Al no existir rivalidad, tampoco se prodigan
los partidarios. Acaso hoy son unos seguidores descafeinado-as
a los que llaman fans y que sin afición taurina, se fijan
más en la taleguilla que en la propia faena en el ruedo.
Si a esto le sumamos que cuando asisten a la plaza, piden la oreja
por aquello de participar de la fiesta con un pañuelo que
ha llevado para la ocasión, se nos va totalmente de las
manos el asunto. Cuando este tipo de fan acude a la plaza, su
disfrute consiste en que "su torero" triunfe como sea,
tal vez para causar envidia a la vecina contándole que
se perdió una gran corrida en la que el torero de moda
triunfó, como siempre. Meonas de tendido y marujeo barato
que nada tiene que ver con la verdadera aficionada, que también
las hay, por supuesto. Luego está el veraneante de turno,
que si en Abril se pone de corbata para asistir a la Maestranza,
aquí se nos cuela en bermudas y camiseta de propaganda
y no deja de hablar en el tendido, sin tener en cuenta que el
silencio le corresponde a todos los escenarios donde se desarrolle
una labor artística. En fin, que esto se va de las manos
y dentro de poco, no me extrañaría que sacaran un
programa de televisión titulado "Operación
Torero" y entonces, apaga y vámonos.
Falta rivalidad, cultura taurina, y rigor en
los trofeos. Como alguien dijo de Joselito y Belmonte: "La
llave de la grandeza y del misterio del toreo, se la llevaron
con ellos y pasarán muchas generaciones de matadores hasta
que la tauromaquia nos dé rivales de su dimensión".