Nº 7- Diciembre de 2002
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Rafael Ortega
Torero ejemplar

Por Miguel Ánguel Badanelli.

  El pasado mes de Octubre se inauguró (¡al fin!) en San Fernando el monumento al Maestro Rafael Ortega, gran torero y hombre cabal. Mi buen amigo Miguel Ángel Badanelli, quien gozó de la amistad personal del Maestro y de su familia, quiere recordarle en este artículo para nuestro deleite. Cirujano ejemplar en su profesión, gran aficionado taurino, Miguel Ángel Badanelli es bien conocido y respetado dentro y fuera del "mundillo" de nuestra provincia. Él tuvo la suerte de ver triunfar a Rafael Ortega en tantas tardes gloriosas y con su pluma magistral nos deleita presentando la trayectoria taurina del Maestro, quien dejó constancia de su toreo de corte clásico, puro y neto como una fuente limpia y clara. ¡Enhorabuena, Miguel Ángel!

Por Paolo Nesti

Tras superar avatares de todos conocidos y que, en ocasiones, han rozado el sainete, incluso el esperpento, se ha inaugurado el más esperado monumento a Rafael Ortega.

No existe mejor momento para reivindicar su tauromaquia y de hacer un sentido panegírico de su persona. Le conocí, admiré y gocé de su amistad y de su arte. Esto justifica que saque a colación la dedicatoria de su monumental obra, a pesar de tratarse de un opúsculo: "El Toreo Puro" que con prólogo de Ángel Fernando Mayo -de los de José y Juan- vio la luz en 1986 gracias a la Diputación Provincial de Valencia y que reza: "A mi buen amigo, de los de toda la vida, con mi mejor recuerdo y gran cariño".

Rafael Ortega hizo buena las admoniciones y advertencias de Baltasar Gracián: "...no consiste la perfección en la cantidad, sino en la calidad". "Estiman muchos los libros por la corpulencia, como si se escribieran para ejercitar antes los brazos que los ingenios".

Dicho queda que "El Toreo Puro" pasa a ser la referencia para profesionales y aficionados, algo que sé, comparte la Tertulia Taurina Los 13, grupo de aficionados a los que pertenece Paolo Nesti, quien me ha abierto las puertas de Tercio de Varas, que edita la Tertulia Taurina "El Monasterio" y de la que es asiduo y conspicuo colaborador.

Libro de cabecera que se ha de leer poco a poco, saboreándolo, tal como recomiendan los místicos con Imitación de Cristo (Kempis), llamado el libro de los libros y tan breve que parece un prontuario.

Nació en la Isla de San Fernando el 4 de Junio de 1921. A raíz de varias vibrantes actuaciones, un crítico escribió que Rafael Ortega había llegado tarde al toreo, ya que lo hizo cuando el público no apreciaba, en su valor, la suerte de matar. Cuando Rafael Ortega toma el alternativa, con 28 años cumplidos, había "perdido" ocho o diez temporadas. Su futuro profesional se le presentaba difícil. El tener con urgencia que ganarse cada tarde el cartel del día siguiente o la inclusión en las ferias importantes, contribuyó a las 29 cogidas (dos gravísimas) que jalonaron una carrera de duración media.

El resto fue debido a la verdad de su toreo y a su peso y características físicas que lo hacían especialmente vulnerable. Dice Ángel Fernando Mayo que la figura de Rafael no ayuda a darle apariencia de torero, aunque determinó alguna de las características de su inconfundible estilo: la sensación de hondura y profundidad, la densidad del lanceo del pase, que hace sentir en el tendido el peso de la mole del toro y el movimiento recargado y barroco del torero. Su cuerpo no emanaba la achulada ambigüedad que tanto subyuga, subconscientemente a la mujer. La esposa y cuñada de uno de los grandes maestros decía: "¿Quién ha citado con la virilidad con que lo hacia Rafael Ortega?". El toreo puro, dice Rafael, me lo definió muy bien Domingo Ortega "...es como cuando llega un señor y lo saludas: ¿cómo está Ud.? Muy bien, gracias. Vaya Ud. con Dios". Esto es: citar, parar y mandar. Se le echa al toro el capote o la muleta para adelante, y es el cite. Luego Ud. para al toro y luego lo manda, lo lleva y lo despide: "Yo sé que en la tauromaquia de Belmonte se dice: parar, templar y mandar. También sé que Domingo Ortega añadió parar, templar, cargar y mandar.

Para mí lo importante es algo previo: citar, o sea, echarle el trapo para adelante al toro. Llamarlo con la muleta no es citar. También es malo llamarlo con zapatillazo. Para hacer el toreo puro, insiste, hay que citar, templar, mandar y a ser posible cargar la suerte. "Se sitúa dentro del estilo rondeño.

"El toreo de adorno es otra cosa: las chicuelinas, kikirikíes, las cositas esas tienen su mérito, pero no me siento en ese toreo", aunque reconoce que se ha adornado con justeza y ha estado bonito al rematar una serie con un molinete, un afarolado o un cambio de mano, pero no con la reolina que hoy vemos.

No oculta sus preferencias por Ordóñez y Antoñete, sin menospreciar el toreo sevillano con el que no se siente identificado.

"El toreo, lo mismo que el cante, es sentimiento. Si se hace sin sentimiento no transmite. El toreo fundamental con la capa es la verónica; con la muleta se han de dar pasos largos pero con arte y con remate. Dar los pases totalmente en redondo no es el toreo; les gusta al publico, pero no a mi".

Donde no ha habido discrepancia es en el reconocimiento como el as de espada. Sánchez Fabres escribió lo que sigue: "...con la espada en los últimos treinta años el primero Rafael Ortega después "naide", y después de "naide", media docena de buenos estoqueadores". El tardío Rafael Ortega se mantuvo diez temporadas con el aplauso de un puñado de aficionados, y lo más importante, con el respeto, aprecio y admiración de sus compañeros. Antonio Chenel "Antoñete" dice que ha sido Rafael Ortega el torero que más le ha gustado, considerándolo además el torero más completo y el que ha toreado con mayor pureza.

"La estocada es la culminación de la faena. Hay muchos toreros que no saben matar; de ahí ese repertorio de estocadas caídas, delanteras y pescueceras". Domingo Ortega, refiriéndose a su tocayo, llegó a decir que matar un toro es lo más fácil que hay, si antes está dominado, porque entonces lo mata igual que a una oveja.

Para Rafael Ortega los mejores matadores que ha conocido, a pesar de aquello del rincón que inventó "El Caña", han sido Antonio Ordóñez y Paco Camino. "Lo más importante es que el toro tenga las manos juntas y esté fijo en la muleta. Ésta hay que liarla, echarla para adelante sin descomponer la figura. Me colocaba derecho al toro, entre los cuernos, me perfilaba y me columpiaba tres veces con los pies juntos; tuve una época en la que echaba el paso atrás y pinchaba casi todos los toros. Con el paso atrás perdía la distancia, y al llegar al cruce, el toro echaba la cara arriba y me tapaba la muerte. Volvía a perfilarme con los pies en el mismo sitio y entonces me mecía tres veces para medir mi impulso. Eso lo han hecho toreros y decían que era marcar los tiempos, pero no es así, los tiempos son: el cite, el mandar o templar y el cruzar." Insiste en que lo fundamental es perfilarse entre los cuernos con los pies en el mismo terreno, adelantar la muleta y luego realizar los tres tiempos. Con Rafael Ortega se cumple lo que sólo ocurre con los elegidos, y es que, con el transcurso de los años se acrecienta su figura hasta convertirse en un pilar fundamental de la tauromaquia eterna. Ello a pesar del antirafaelorteguismo de los críticos de la época. ¿Qué más zaherimiento y humillación que el trato recibido en el mismísimo Cossio?. "Ha toreado con decoro y personalidad; pero esa personalidad ha sido basta y poco acorde con las maneras refinadas de los toreros artistas."