Rafael
Ortega
Torero ejemplar
Por
Miguel Ánguel Badanelli.
El
pasado mes de Octubre se inauguró (¡al fin!) en San
Fernando el monumento al Maestro Rafael Ortega, gran torero y
hombre cabal. Mi buen amigo Miguel Ángel Badanelli, quien
gozó de la amistad personal del Maestro y de su familia,
quiere recordarle en este artículo para nuestro deleite.
Cirujano ejemplar en su profesión, gran aficionado taurino,
Miguel Ángel Badanelli es bien conocido y respetado dentro
y fuera del "mundillo" de nuestra provincia. Él
tuvo la suerte de ver triunfar a Rafael Ortega en tantas tardes
gloriosas y con su pluma magistral nos deleita presentando la
trayectoria taurina del Maestro, quien dejó constancia
de su toreo de corte clásico, puro y neto como una fuente
limpia y clara. ¡Enhorabuena, Miguel Ángel!
Por
Paolo Nesti
Tras superar avatares de
todos conocidos y que, en ocasiones, han rozado el sainete, incluso
el esperpento, se ha inaugurado el más esperado monumento
a Rafael Ortega.
No existe mejor momento
para reivindicar su tauromaquia y de hacer un sentido panegírico
de su persona. Le conocí, admiré y gocé de
su amistad y de su arte. Esto justifica que saque a colación
la dedicatoria de su monumental obra, a pesar de tratarse de un
opúsculo: "El Toreo Puro" que
con prólogo de Ángel Fernando Mayo -de los de José
y Juan- vio la luz en 1986 gracias a la Diputación Provincial
de Valencia y que reza: "A mi buen amigo, de los de toda
la vida, con mi mejor recuerdo y gran cariño".
Rafael
Ortega hizo buena las admoniciones y advertencias de Baltasar
Gracián: "...no consiste la perfección
en la cantidad, sino en la calidad". "Estiman
muchos los libros por la corpulencia, como si se escribieran para
ejercitar antes los brazos que los ingenios".
Dicho queda que "El
Toreo Puro" pasa a ser la referencia para profesionales
y aficionados, algo que sé, comparte la Tertulia Taurina
Los 13, grupo de aficionados a los que pertenece Paolo Nesti,
quien me ha abierto las puertas de Tercio de Varas, que edita
la Tertulia Taurina "El Monasterio" y de la que es asiduo
y conspicuo colaborador.
Libro de cabecera
que se ha de leer poco a poco, saboreándolo, tal como recomiendan
los místicos con Imitación de Cristo
(Kempis), llamado el libro de los libros y tan breve que parece
un prontuario.
Nació en la Isla
de San Fernando el 4 de Junio de 1921. A raíz de varias
vibrantes actuaciones, un crítico escribió que Rafael
Ortega había llegado tarde al toreo, ya que lo hizo cuando
el público no apreciaba, en su valor, la suerte de matar.
Cuando Rafael Ortega toma el alternativa, con 28 años cumplidos,
había "perdido" ocho o diez temporadas. Su futuro
profesional se le presentaba difícil. El tener con urgencia
que ganarse cada tarde el cartel del día siguiente o la
inclusión en las ferias importantes, contribuyó
a las 29 cogidas (dos gravísimas) que jalonaron una carrera
de duración media.
El resto fue debido a la
verdad de su toreo y a su peso y características físicas
que lo hacían especialmente vulnerable. Dice Ángel
Fernando Mayo que la figura de Rafael no ayuda a darle apariencia
de torero, aunque determinó alguna de las características
de su inconfundible estilo: la sensación de hondura y profundidad,
la densidad del lanceo del pase, que hace sentir en el tendido
el
peso de la mole del toro y el movimiento recargado y barroco del
torero. Su cuerpo no emanaba la achulada ambigüedad que tanto
subyuga, subconscientemente a la mujer. La esposa y cuñada
de uno de los grandes maestros decía: "¿Quién
ha citado con la virilidad con que lo hacia Rafael Ortega?".
El toreo puro, dice Rafael, me lo definió muy bien Domingo
Ortega "...es como cuando llega un señor y lo saludas:
¿cómo está Ud.? Muy bien, gracias. Vaya Ud.
con Dios". Esto es: citar, parar y mandar.
Se le echa al toro el capote o la muleta para adelante, y es el
cite. Luego Ud. para al toro y luego lo manda, lo lleva y lo despide:
"Yo sé que en la tauromaquia de Belmonte se dice:
parar, templar y mandar. También sé que Domingo
Ortega añadió parar, templar, cargar y mandar.
Para mí lo importante
es algo previo: citar, o sea, echarle el trapo para adelante al
toro. Llamarlo con la muleta no es citar. También es malo
llamarlo con zapatillazo. Para hacer el toreo puro, insiste, hay
que citar, templar, mandar y a ser posible cargar la suerte. "Se
sitúa dentro del estilo rondeño.
"El toreo de adorno
es otra cosa: las chicuelinas, kikirikíes, las cositas
esas tienen su mérito, pero no me siento en ese toreo",
aunque reconoce que se ha adornado con justeza y ha estado bonito
al rematar una serie con un molinete, un afarolado o un cambio
de mano, pero no con la reolina que hoy vemos.
No oculta sus preferencias
por Ordóñez y Antoñete, sin menospreciar
el toreo sevillano con el que no se siente identificado.
"El toreo, lo mismo
que el cante, es sentimiento. Si se hace sin sentimiento no transmite.
El toreo fundamental con la capa es la verónica; con la
muleta se han de dar pasos largos pero con arte y con remate.
Dar los pases totalmente en redondo no es el toreo; les gusta
al publico, pero no a mi".
Donde no ha habido discrepancia
es en el reconocimiento como el as de espada. Sánchez Fabres
escribió lo que sigue: "...con la espada en los últimos
treinta años el primero Rafael Ortega después "naide",
y después de "naide", media docena de buenos
estoqueadores". El tardío Rafael Ortega se mantuvo
diez temporadas con el aplauso de un puñado de aficionados,
y lo más importante, con el respeto, aprecio y admiración
de sus compañeros. Antonio Chenel "Antoñete"
dice que ha sido Rafael Ortega el torero que más le ha
gustado, considerándolo además el torero más
completo y el que ha toreado con mayor pureza.
"La estocada es la
culminación de la faena. Hay muchos toreros que no saben
matar; de ahí ese repertorio de estocadas caídas,
delanteras y pescueceras". Domingo Ortega, refiriéndose
a su tocayo, llegó a decir que matar un toro es lo más
fácil que hay, si antes está dominado, porque entonces
lo mata igual que a una oveja.
Para Rafael Ortega los mejores
matadores que ha conocido, a pesar de aquello del rincón
que inventó "El Caña", han sido Antonio
Ordóñez y Paco Camino. "Lo más importante
es que el toro tenga las manos juntas y esté fijo en la
muleta. Ésta hay que liarla, echarla para adelante sin
descomponer la figura. Me colocaba derecho al toro, entre los
cuernos, me perfilaba y me columpiaba tres veces con los pies
juntos; tuve una época en la que echaba el paso atrás
y pinchaba casi todos los toros. Con el paso atrás perdía
la distancia, y al llegar al cruce, el toro echaba la cara arriba
y me tapaba la muerte. Volvía a perfilarme con los pies
en el mismo sitio y entonces me mecía tres veces para medir
mi impulso. Eso lo han hecho toreros y decían que era marcar
los tiempos, pero no es así, los tiempos son: el
cite, el mandar o templar y el cruzar." Insiste
en que lo fundamental es perfilarse entre los cuernos con los
pies en el mismo terreno, adelantar la muleta y luego realizar
los tres tiempos. Con Rafael Ortega se cumple lo que sólo
ocurre con los elegidos, y es que, con el transcurso de los años
se acrecienta su figura hasta convertirse en un pilar fundamental
de la tauromaquia eterna. Ello a pesar del antirafaelorteguismo
de los críticos de la época. ¿Qué
más zaherimiento y humillación que el trato recibido
en el mismísimo Cossio?. "Ha toreado con decoro y
personalidad; pero esa personalidad ha sido basta y poco acorde
con las maneras refinadas de los toreros artistas."