Nº 8- Mayo de 2003
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Antonio González Sabio: “Galloso me cambió la vida”
Por Manuel Garay González

En una mañana de febrero nos citamos con Antonio González Sabio para charlar de toros y de paso dar forma a esta pequeña entrevista con la que “Tercio de Varas” pretender rendir homenaje a los profesionales del toreo portuense. Antes de atendernos se toma un aperitivo con su maestro de toda la vida, José Luis Galloso y hacen planes para ir a tentar a la finca de Dña. Rosario Osborne, actual propietaria del hierro de D. José Luis Osborne. Esa es la manera de matar un poco el gusanillo y de paso acompañar al maestro cuando la ocasión lo requiere.

Antonio González nació en El Puerto en 1940. Tras una carrera novilleril que comenzó allá por el año 1958, con triunfos importantes en El Puerto y sobre todo en la Monumental de Barcelona, fue en 1969 cuando cambia la el oro por la plata para ponerse a las órdenes de José Luis Galloso con quien estuvo hasta la retirada de éste. Más tarde acompañaría a otros toreros como Davila Miura, Emilio y Abel Oliva y Rafael Camino entre otros para poner fin a su carrera en 1998 con un multitudinario festival en su honor.

¿Antonio, te consideras respetado por la afición en general y por el toreo en particular?

Eso lo llevo a gala puesto que El Puerto me recompensa día a día. Por la calle los aficionados me muestran su cariño, me saludan con afecto y los profesionales también puesto que nunca fui hombre de polémicas.

José Miguel, torear de salón, más o menos lo hace todo el mundo, pero con un toro delante, ¿cómo se consigue? Hay que tener sobre todo mucho valor, ¿no es así?

Antes de ser profesional del toro ayudabas a tu padre –conocedor de la ganadería de D. José Luis Osborne- en faenas camperas. ¿Recuerdas alguna anécdota de esa etapa tuya?

¿Cómo suenan las palmas por bulerías?

Te podría contar muchas historias pero por citar alguna recuerdo cuando tardé un mes en llevar seis toros a Barcelona porque los trenes tenían que ir esperando en estaciones a los procedentes de otros sitios y al final llegábamos a juntarnos hasta ocho o diez corridas para Barcelona y alrededores. Se quejan ahora que los toros en el transporte sufren. Pues imagínate antes con las carreteras y medios que disponíamos. También recuerdo cuando tuvimos un accidente con el camión por la zona de Jaén y volcamos escapándose los toros por los olivares. Tuvimos que intentar recogerlos a caballo y con unos cabestros que nos prestaron pero al final la guardia civil tuvo que matarlos a todos excepto a uno que pudimos rescatar.

¿Qué ha supuesto en tu vida José Luis Galloso?

Me cambió la vida. Con él he vivido todo en el toreo. Será difícil que se de otro fenómeno de masas en El Puerto como él porque consiguió movilizar a familias enteras para ir a verle torear. Nos vemos a menudo porque hemos compartido toda una vida. Sufría sus malas tardes y me llenaba de orgullo con sus éxitos. ¡Qué te puedo decir de él!

Sin embargo, supongo que todo no fue un camino de rosas.

Por supuesto que no ya que yo le exigía muchísimo. Yo no he sido el típico hombre de confianza que le daba la palmadita y le excusaba en tardes de petardo. Es más cuando llegaban sus partidarios al hotel y achacaban su mala tarde a los toros me marchaba de la habitación y les decía que el único culpable era él por no estar a la altura. Reconozco que en ese aspecto nunca le “doré la píldora” y en ocasiones fui duro con él pero considero que a alguien le tenía que tocar ese papel. Recuerdo un día que lo dejé tirado en la carretera con la bicicleta pinchada y de noche cuando venía de tentar de la finca de la ganadería de Marqués de Domecq puesto que le eché una bronca por hacerle desplantes y filigranas a las vacas en un tentadero. Más tarde aparecería por mi casa con mi padre y me pidió disculpas.

¿Eso de ser peón de confianza supone asumir un papel de protagonista dentro de la cuadrilla?

Sí puesto que es como ser el jefe de los demás. Compartes muchas cosas con el maestro y procuras aconsejarle de la mejor manera posible. Existe una complicidad de manera que en ocasiones bastaba una simple mirada para comprender lo que quería decir cada uno.

¿Y tú en quien te fijabas cuando eras banderillero?

No sólo me fijaba sino que pedía consejos a los mejores de la época. ¡Qué sabiduría tenían los viejos!. Bojilla, Tito de San Bernardo, Chaves Flores y Corbelle eran auténticos ídolos para mí y no me importaba pedirles consejos.

¿Cuándo decides retirarte?

Pues tras retirarse Galloso, fui cuatro años a las órdenes de Rafael Camino. Mi familia me decía que lo dejara y como a los cincuenta y cinco años podía jubilarme me lo planteé y aún así seguí un año más. Yo la verdad es que físicamente me encontraba bien pero los años no pasan en balde.

¿Cómo ves el futuro de la fiesta?

Hombre creo que la continuidad está más que garantizada. No hay más que ver la cantidad de chavales que van a las escuelas taurinas. Eso antes no existía y te tenías que buscar las papas tú solito yendo de pueblo en pueblo y de ganadería en ganadería. Ahora hay más oportunidades porque las escuelas te permiten por lo menos tener una oportunidad por lo que creo que al final el que vale sale matador de toros.

Para terminar, ¿te gustaría incluir algo más?

Me gustaría tener un recuerdo muy especial para D. José Luis Osborne puesto que para mí ha sido mi segundo padre y para D. Enrique Barrilaro “bohemio y romántico del toreo como él sólo”

Por supuesto que seguimos entre copa y copa hablando de toros porque los profesionales como Antonio con su larga trayectoria tienen mil y una anécdotas y recuerdos que contar. Si alguna conclusión podríamos sacar de esta distendida charla es que Antonio ha escrito una página brillante en el toreo.