Antonio
González Sabio: “Galloso me cambió la vida”
Por Manuel Garay González
En una mañana de febrero
nos citamos con Antonio González Sabio para charlar de
toros y de paso dar forma a esta pequeña entrevista con
la que “Tercio de Varas” pretender rendir homenaje
a los profesionales del toreo portuense. Antes de atendernos se
toma un aperitivo con su maestro de toda la vida, José
Luis Galloso y hacen planes para ir a tentar a la finca de Dña.
Rosario Osborne, actual propietaria del hierro de D. José
Luis Osborne. Esa es la manera de matar un poco el gusanillo y
de paso acompañar al maestro cuando la ocasión lo
requiere.
Antonio González nació
en El Puerto en 1940. Tras una carrera novilleril que comenzó
allá por el año 1958, con triunfos importantes en
El Puerto y sobre todo en la Monumental de Barcelona, fue en 1969
cuando cambia la el oro por la plata para ponerse a las órdenes
de José Luis Galloso con quien estuvo hasta la retirada
de éste. Más tarde acompañaría a otros
toreros como Davila Miura, Emilio y Abel Oliva y Rafael Camino
entre otros para poner fin a su carrera en 1998 con un multitudinario
festival en su honor.
¿Antonio,
te consideras respetado por la afición en general y por
el toreo en particular?
Eso lo llevo a gala puesto
que El Puerto me recompensa día a día. Por la calle
los aficionados me muestran su cariño, me saludan con afecto
y los profesionales también puesto que nunca fui hombre
de polémicas.
José
Miguel, torear de salón, más o menos lo hace todo
el mundo, pero con un toro delante, ¿cómo se consigue?
Hay que tener sobre todo mucho valor, ¿no es así?
Antes de ser profesional
del toro ayudabas a tu padre –conocedor de la ganadería
de D. José Luis Osborne- en faenas camperas. ¿Recuerdas
alguna anécdota de esa etapa tuya?
¿Cómo suenan
las palmas por bulerías?
Te podría contar
muchas historias pero por citar alguna recuerdo cuando tardé
un mes en llevar seis toros a Barcelona porque los trenes tenían
que ir esperando en estaciones a los procedentes de otros sitios
y al final llegábamos a juntarnos hasta ocho o diez corridas
para Barcelona y alrededores. Se quejan ahora que los toros en
el transporte sufren. Pues imagínate antes con las carreteras
y medios que disponíamos. También recuerdo cuando
tuvimos un accidente con el camión por la zona de Jaén
y volcamos escapándose los toros por los olivares. Tuvimos
que intentar recogerlos a caballo y con unos cabestros que nos
prestaron pero al final la guardia civil tuvo que matarlos a todos
excepto a uno que pudimos rescatar.
¿Qué ha supuesto
en tu vida José Luis Galloso?
Me cambió la vida.
Con él he vivido todo en el toreo. Será difícil
que se de otro fenómeno de masas en El Puerto como él
porque consiguió movilizar a familias enteras para ir a
verle torear. Nos vemos a menudo porque hemos compartido toda
una vida. Sufría sus malas tardes y me llenaba de orgullo
con sus éxitos. ¡Qué te puedo decir de él!
Sin embargo, supongo que todo
no fue un camino de rosas.
Por
supuesto que no ya que yo le exigía muchísimo. Yo
no he sido el típico hombre de confianza que le daba la
palmadita y le excusaba en tardes de petardo. Es más cuando
llegaban sus partidarios al hotel y achacaban su mala tarde a
los toros me marchaba de la habitación y les decía
que el único culpable era él por no estar a la altura.
Reconozco que en ese aspecto nunca le “doré la píldora”
y en ocasiones fui duro con él pero considero que a alguien
le tenía que tocar ese papel. Recuerdo un día que
lo dejé tirado en la carretera con la bicicleta pinchada
y de noche cuando venía de tentar de la finca de la ganadería
de Marqués de Domecq puesto que le eché una bronca
por hacerle desplantes y filigranas a las vacas en un tentadero.
Más tarde aparecería por mi casa con mi padre y
me pidió disculpas.
¿Eso
de ser peón de confianza supone asumir un papel de protagonista
dentro de la cuadrilla?
Sí puesto que
es como ser el jefe de los demás. Compartes muchas cosas
con el maestro y procuras aconsejarle de la mejor manera posible.
Existe una complicidad de manera que en ocasiones bastaba una
simple mirada para comprender lo que quería decir cada
uno.
¿Y tú en quien
te fijabas cuando eras banderillero?
No sólo me fijaba
sino que pedía consejos a los mejores de la época.
¡Qué sabiduría tenían los viejos!.
Bojilla, Tito de San Bernardo, Chaves Flores y Corbelle eran auténticos
ídolos para mí y no me importaba pedirles consejos.
¿Cuándo decides
retirarte?
Pues tras retirarse Galloso,
fui cuatro años a las órdenes de Rafael Camino.
Mi familia me decía que lo dejara y como a los cincuenta
y cinco años podía jubilarme me lo planteé
y aún así seguí un año más.
Yo la verdad es que físicamente me encontraba bien pero
los años no pasan en balde.
¿Cómo ves el
futuro de la fiesta?
Hombre creo que la continuidad
está más que garantizada. No hay más que
ver la cantidad de chavales que van a las escuelas taurinas. Eso
antes no existía y te tenías que buscar las papas
tú solito yendo de pueblo en pueblo y de ganadería
en ganadería. Ahora hay más oportunidades porque
las escuelas te permiten por lo menos tener una oportunidad por
lo que creo que al final el que vale sale matador de toros.
Para terminar, ¿te gustaría
incluir algo más?
Me gustaría tener
un recuerdo muy especial para D. José Luis Osborne puesto
que para mí ha sido mi segundo padre y para D. Enrique
Barrilaro “bohemio y romántico del toreo como él
sólo”
Por supuesto que seguimos
entre copa y copa hablando de toros porque los profesionales como
Antonio con su larga trayectoria tienen mil y una anécdotas
y recuerdos que contar. Si alguna conclusión podríamos
sacar de esta distendida charla es que Antonio ha escrito una
página brillante en el toreo.