REAPARICIÓN:
Dámaso González Maestro en el Dominio y el Temple
Referente
del Toreo Moderno
y Contemporáneo
Por Jerónimo Roldán
Escasas fechas antes de reaparecer
en las faltas de Valencia hemos hablado con amplitud con el maestro
Dámaso González. El diestro de Albacete pletórico
de afición vuelve con el deseo de sentirse. De examinar
a sus propios impulsos que le han llevado a tomar la decisión
del regreso. Sencillo, amable con suma corrección nos atendió
para cambiar impresiones sobre su nueva y bonita experiencia.
Historia
Pleno de Éxitos
Es muy interesante entrar
de lleno en la amplia biografía de un histórico.
El matador de toros Dámaso González nació
en Albacete el 11 de septiembre de 1947. Sus primeros pasos los
realizó en la parte seria de un espectáculo cómico
taurino musical, después de participar en las capeas por
la zona de la Mancha.
La primera ocasión
en la que se puso el traje de luces fue para actuar como sobresaliente
de espada en un festejo celebrado en Albacete, el 27 de agosto
de 1966. La siguiente campaña actuó ya como espada.
Su primera novillada tuvo lugar en la localidad jiennense de Santiesteban
del Puerto. El 8 de septiembre de 1968 debutó con caballos
en su ciudad natal. Actuaba junto a Santiago López -actual
apoderado de El Fandi- y Antonio Rojas en la lidia de astados
del Marqués de Villamarta.
El
año 1969 fue triunfal para Dámaso. Le apoderó
la casa Camará y así, se presentó en la Monumental
de Barcelona el 19 de marzo. Tarde de éxito, en la que
Dámaso cortó cuarto orejas y un rabo a ejemplares
del hierro de Ramos Matías, ante sus compañeros
de cartel, Juan Asenjo Calero y Manuel Maldonado. Con esta espectacular
actuación se ganó otras siete tardes en Barcelona.
Entre su estallido popular de las siete actuaciones participó
como novillero en una corrida mixta del 27 de abril de ese mismo
año de 1969, en cuya fecha se doctoraba quien fue durante
toda su trayectoria artística su más frecuente compañero
de cartel, el isleño Francisco Ruiz Miguel, recibiendo
este último los trastos de manos de José Fuentes
en presencia de Miguel Márquez. Con otro torero con el
que actuó muchas tardes fue con el maestro José
Luis Galloso.
En Las Ventas, plaza a la
que llegaba precedido del buen nombre que se había ganado
con sus actuaciones en provincias, debutó el 1 de junio.
El público asistente confirmó las positivas expectativas
que se habían levantado en torno a este diestro. Su última
actuación como novillero fue en Valencia el 21 de junio,
tarde en la que se enfrentó a seis reses de la ganadería
de José Benítez Cubero en solitario. Cortó
siete orejas y un rabo.
Treinta
y cuatro años de Alternativa
El 24 de junio de 1969 se
doctoró en la plaza de Alicante. Miguel Mateo Miguelín
le cedió los atributos de muleta y estoque delante de Paquirri
para dar muerte al toro Gañalote, de la ganadería
de Flores Cubero. Cuando finalizó la temporada española
viajó a tierras americanas, donde cosechó más
triunfos.
El 14 de mayo de 1970 confirmó
el doctorado en la capital, con Santiago Martín El Viti
como padrino y Miguel Márquez de testigo, con el toro de
la ceremonia, Barranquillo del hierro de Francisco Galache. Cortó
una oreja al último toro de la tarde. Se despidió
de la profesión en septiembre de 1994, en la feria de su
querido Albacete. Su último año en activo toreó
24 corridas y logró 22 apéndices, aunque en 2000
se vistió de luces una tarde para torear la corrida de
Asprona, Institución benéfica a la que se encuentra
vinculado desde siempre con su generosa aportación artística
y personal.
Dámaso González
triunfó a lo largo de su carrera en muchas plazas de España
y de América, ganándose el cariño y la consideración
del público. El valor es la principal cualidad de este
diestro albaceteño Su estilo adolece de monotonía
y es complicado y difícil. Cabe destacar la quietud y lo
expuesto de su toreo, su dominio ante los toros y su temple, siendo
esta última condición la más deslumbrante
de su tauromaquia, que ha servido de referente para todo el toreo
moderno y contemporáneo.
En los rasgos históricos
de la verdad de su maestría es justo reseñar su
presencia ante las más temidas y duras divisas a las que
se sobrepuso con su valor, poderío y temple. Con esos factores
tan positivos pudo también suavemente con la docilidad
del toro más asequible. Recordarle su presencia en la corrida
histórica del centenario de la plaza de toros de El Puerto
de Santa Maria cuando alterno el 5 de junio de 1980 junto al Niño
la Capea y a José María de Manzanares.
Amable
Conversador
Desde
siempre se te ha tenido una especial admiración por estas
tierras por los muchos años que durante su etapa activa
ha venido a prepararse por ¡OS tentaderos de la ruta del
toro.
D.G.: Llevo
tentando por aquí hace muchos años. Estoy como en
mi casa. Tengo la suerte de haber contado con un amigo ya desaparecido
como Manolo Camacho que ha sido como algo familiar. Esa amistad
ha seguido después con su hija Mari y con su nieta Silvia.
Todos los ganaderos se han portado muy bien conmigo, siendo igualmente
muy especial el trato recibido en casa de Salvador Domecq.
Dominio
y Temple
Algo que puede
pasar a la historia del toreo es la aparición magistral
de Dámaso González aplicando su propia tauromaquia,
impregnada de su indiscutible personalidad. Se ha reflejado en
el dominio y en el temple. ¿Qué significado le da
el propio maestro?.
D.G.: Yo
siempre he intentado de dominar al toro para poder triunfar. Me
ha ayudado mucho el temple. A los toros cuando le bajas la mano
y lo llevas templadito lo dominas y le ayudas a que poco a poco
tengan recorrido. Hay toros que parecen imposibles y si le haces
las cosas bien al final es otro. Este logro como torero ha sido
conseguido principalmente basado en el tesón.
Experiencia
rara y extraña
Es
obligado conocer ¿por qué vuelve...?
D.G.: Es
una experiencia rara y extraña. Más de lo que oyes
es lo que uno piensa. Cuando llevas nueve años sin torear
las ilusiones son distintas a las del comienzo que es un camino
libre con un solo objetivo el triunfo. Ahora vuelves porque añoras
esta profesión. He toreado festivales y me hace mucha ilusión
volver a empezar. Espero complacer a esta responsabilidad pues
no es lo mismo torear festivales que corridas de toros. Quiero
saber por qué vuelvo pero eso se sabe sobre la marcha.
La dirección
artística ha sido asignada a Manolo Lozano, un taurino
con solera y tradición.
D.G.: Manolo
Lozano lo conozco desde hace muchos años. Hemos coincidido
en América este año y me sedujo su idea de apoderamiento.
¿Han realizado
algún tipo de planteamiento?
D.G.: Me
han ofrecido varias cosas. El planteamiento más importante
es Valencia. A partir de esa feria dependerá mi calendario.
Si se me da bien más de veinte o veinticinco corridas no
haré. En Madrid en mis últimos años se me
dio muy bien. Espero que cuando me ponga delante del toro hacerlo
de la misma manera a como lo he hecho en los festivales. Aguardo
a disfrutar en la plaza.
¿Qué
tal le va con su ganadería?
D.G.: Mi
ganadería es muy buena. Procede todo de Salvador Domecq.
Disfruto mucho de las becerras. Ahora solo he lidiado en festejos
sin caballos.
Al volver al
cauce de su regreso a los ruedos. ¿Qué reflexión
puede hacer de la repercusión en su vida personal?
D.G.: Son
vivencias personales interesantes. Es curioso como pasa la mentalidad
de que eres joven a otra etapa ya de veteranía y madurez.
Se ven las cosas distintas, de otra forma. Para mí es una
experiencia importantísima. El que hace lo que puede cumple
con sus objetivos.
Una muestra inequívoca
es la sencillez en el maestro Dámaso González. Hemos
cambiado impresiones con el diestro albacetense a las puertas
de su reaparición. La ilusión es radiante. Que Dios
reparta suerte, torero...